Para vivir verdaderamente es necesario renacer, para renacer es imprescindible "morir" y para "morir" es imprescindible DESPERTAR". G.I. Gurdjieff

miércoles, 29 de abril de 2015

ORACION DEL COMPAÑERO CONSTRUCTOR


Enséñame, Señor, a bien utilizar en el tiempo que me das,
para trabaja y emplearlo de tal manera, que no pierda un solo instante.
Enséñame a sacar partido de los errores pasados sin caer en el escrúpulo que martiriza.
Enséñame a anticipar todo Plan sin mortificarme, a imaginarme la Obra sin lamentarme si esta surge de otra manera.
Enséñame a  unir la prisa y lo lento, la serenidad y el fervor, el coraje y la paz...

Ayúdame cuando comience mi Obra, ahí donde soy débil.
Ayúdame en el corazón de la Obra, a tener juntos los hilos de la concentración,
y sobretodo rellena Tu Mismo el vacío de mi obra.
Señor, y en toda Obra de mis manos, deposita una gracia para Ti para hablar a los demás
y un defecto de mí para hablar conmigo mismo.
Protege en mi la Esperanza de la perfección o de otra manera  no seré más que un orgullo sin sentido.

Purifica mi mirar: cuando yo hago el mal, no es tan seguro de que sea mal, y cuando yo hago el bien, no estoy muy seguro de que yo haga bien.
Señor, permíteme, de nunca olvidar que todo saber es vano salvo donde hay trabajo, y que todo trabajo es vacío si no hay Amor, y que todo Amor es hueco si no me uno a mi mismo, a los demás y a Ti.

Señor, enséñame a rezar cada día con mis manos, mis brazos y toda mi fuerza.
Recuérdame que la Obra de mis manos te pertenece y que me pertenece entregártela, ofreciéndola a los demás.
Que si yo hago para que los demás me admiren, como la flor me marchitare todas las noches.
Pero si yo lo hago por el Amor del Bien, yo estaré siempre en el Bien.

AMEN.

La Oración del Compañero Albañil, Constructor de Catedrales es una bella plegaria que parece ser que se encuentra en el Index de la Iglesia Católica como una herejía. Está  en los textos prohibidos de la Saint Sulpice en Paris y en la Catedral de Saint Michel en el Mont Saint Michel entre Normandía y el País Celta.

martes, 14 de abril de 2015

ELEGÍ LA VIDA




No quise dormir sin sueños:
y elegí la ilusión que me despierta,
el horizonte que me espera,
el proyecto que me llena,
y no la vida vacía de quien no busca nada,
de quien no desea nada más que sobrevivir cada día.

No quise vivir en la angustia:
y elegí la paz y la esperanza,
la luz,
el llanto que desahoga, que libera,
y no el que inspira lástima en vez de soluciones,
la queja que denuncia, la que se grita,
y no la que se murmura y no cambia nada.

No quise vivir cansado:
Y elegí el descanso del amigo y del abrazo,
el camino sin prosas, compartido,
y no parar nunca, no dormir nunca.
Elegí avanzar despacio, durante más tiempo,
y llegar más lejos,
habiendo disfrutado del paisaje.

No quise huir:
y elegí mirar de frente,
levantar la cabeza,
y enfrentarme a los miedos y fantasmas
porque no por darme la vuelta volarían.
No pude olvidar mis fallos:
pero elegí perdonarme, quererme,
llevar con dignidad mis miserias
y descubrir mis dones;
y no vivir lamentándome
por aquello que no pude cambiar,
que me entristece, que me duele,
por el daño que hice y el que me hicieron.

Elegí aceptar el pasado.
No quise vivir solo:
y elegí la alegría de descubrir a otro,
de dar, de compartir,
y no el resentimiento sucio que encadena.

Elegí el amor.
Y hubo mil cosas que no elegí,
que me llegaron de pronto
y me transformaron la vida.
Cosas buenas y malas que no buscaba,
caminos por los que me perdí,
personas que vinieron y se fueron,
una vida que no esperaba.
Y elegí, al menos, cómo vivirla.

Elegí los sueños para decorarla,
la esperanza para sostenerla,
la valentía para afrontarla.
No quise vivir muriendo:
y elegí la vida.

Así podré sonreír cuando llegue la muerte,
aunque no la elija…
…porque moriré viviendo.

RUDYARD KIPLING.

lunes, 6 de abril de 2015

ILUMINA EL ESPIRITU



En su Historia de las creencias y de las ideas religiosas, Mircea Eliade explica que en todas las tradiciones: “la idea de lo divino aparece vinculada a la sacralidad celeste, es decir a la luz”, pues así como la luz no puede separarse del ser humano, ya que sin ella no existiría, tampoco puede desvincularse de lo divino, pues su primer significado simbólico es indiscernible de la idea de Dios.

Está demostrado que las etimologías de las palabras que significan dios en las lenguas indoeuropeas están relacionadas con la idea de la luz celeste, tal y como explica el mismo Eliade: “Desde que empezó a estudiarse este tema se reconoció el radical indoeuropeo deiwos, ‘cielo’, en los términos que designan al dios (latín deus, sánscrito: deva, iraní: div,…).”

El símbolo de la luz aparece siempre asociado a la idea de un Dios que está en los cielos y que continuamente ofrece la vida a todo lo viviente. Se manifiesta a todos los hombres y todos participan de ella. Sin la luz, la vida no existiría, por eso es natural que la luz del cielo -y, por extensión, el Sol- se considere desde siempre el símbolo más excelso.

Sin embargo, al constatar tal evidencia aparece una cuestión que no puede obviarse y es que en muchas tradiciones se explica que los grandes sabios y místicos han sido iluminados. Especialmente explicita es la tradición budista en la que se dice que Siddharta Gautama, un día al amanecer, vio el resplandor de una estrella, alcanzando entonces un estado superior de conciencia. A partir de ese momento se le conoció como Buda, que significa “aquel que ha despertado”, “aquel que se ha iluminado”.

Encontraríamos ejemplos similares en otras tradiciones espirituales, sin embargo, más que extendernos en este sentido quisiéramos afrontar una pregunta implícita en el hecho de que solamente algunos hombres, como sucede con el Buda Sakyamuni o incluso con san Pablo cuando cayó de su caballo en el viaje a Damasco, hayan “contemplado la luz”, pues, ¿acaso no vemos continuamente el común de los mortales la divina luz del cielo? Y, sin embargo, no estamos iluminados.

Un maestro zen llamado Tozan (807-869), escribió en su Hokyo Zan Mai: “La medianoche / es la luz verdadera, / el alba / no es clara”. Este aforismo sorprendente explica que existe otra luz, un sol oculto en medio de la noche, que al despertar produce la iluminación. Así, la luz celeste, que responde a la idea de un Dios que da la vida, se complementa y completa con la idea de una luz que surge del interior de la tierra, o del interior del hombre.

La tarea del pensamiento simbólico es la de buscar esta luz de medianoche que ilumina el camino del espíritu. Una luz que se incuba en el secreto de las tinieblas. Por eso, en ocasiones, se ha relacionado el pensamiento simbólico con el gnosticismo, pues en ambos casos se busca aquello que está oculto tras la nada tenebrosa. A diferencia de la segunda posibilidad, el pensamiento simbólico encuentra su sentido en la dialéctica entre lo oculto y lo manifestado.

Al lector de cultura cristiana no debería extrañarle el aforismo de Tozan, ni tampoco la propuesta simbólica, pues ¿qué diferencias existen entre la luz de medianoche y la Navidad? Pocas, por no decir ninguna. El nacimiento de Jesucristo, el Hijo de Dios, sucedió según la tradición en medio de la noche de un 25 de diciembre, en la estación del año en la que la noche es más larga, lo cual es muy indicativo a nivel simbólico. Además se dice que nació en un pesebre, un lugar pobre y despreciable.

Es sabido que los romanos celebraban este mismo día la fiesta del Sol Invictus (“Sol invencible”), y que los cristianos hicieron coincidir la natividad de su Dios encarnado con la fiesta del Sol Invictus. El mismo Jesucristo fue quien dijo: “Yo soy la luz del mundo: el que me sigue, no andará en tinieblas, mas tendrá la lumbre de la vida”. (Jn 8, 12). Notemos que la “luz del mundo” se refiere al Hijo que nació de una Virgen y no al Padre que está en los cielos.

Así pues, al igual que Dante, que antes de alcanzar el cielo tuvo que bajar a los infiernos, los místicos de todas las tradiciones se sumergen en las tinieblas de la medianoche, el lugar secreto donde Dios está en potencia, para poderlo manifestar. Es entonces cuando puede aparecer la luz verdadera, el tesoro secreto. O como dirá el mismo Dante en el Paraíso: “Lo sé, mi decir no es más que una simple luz”.

La luz que surge de las tinieblas es la auténtica luz. Un fragmento repetido en varios Upanishad reza: “El Sol allí no brilla, ni la Luna o las estrellas. / Estos relámpagos no brillan, y mucho menos este fuego terrenal. / Cuando Él brilla, todas las cosas brillan. / Todo el mundo es iluminado con su luz”. Y un fragmento del Apocalipsis que describe a la Jerusalén Celestial dice: “La ciudad no había menester de Sol y de Luna que la iluminasen, porque la gloria de Dios la iluminaba, y su lumbrera era el Cordero”.
Es apasionante la descripción que los grandes místicos y sabios hacen de su primer encuentro con la luz terrestre, después de atravesar las tinieblas de la nada. Como ejemplo sirva el famoso Zohar: “Una chispa tenebrosa salió de en medio de lo encerrado de su encerramiento del secreto del Ein Sof (“Sin límites”)”. Sobre esta primera chispa se construye el Nuevo mundo. Éste es el principio de toda la creación y cuando el Génesis mosaico afirma que: “En el principio creó Dios…”, los cabalistas leen: “La chispa tenebrosa creó el cielo y la tierra…”. Evidentemente el Génesis no describe la creación exterior sino otra nacida de la luz secreta. De ella es de la que hablan los símbolos.

Artículo de Raimon Arola. La Vanguardia, “Cultura’s”, 24-12-2008

sábado, 28 de marzo de 2015

EL ENTIERRO DE LA SARDINA

El rey Carlos III celoso guardián de las tradiciones cristianas, se le ocurrió organizar una fiesta un Miércoles de Ceniza, con el propósito de que el pueblo cumpliera con el deber de no comer carne durante la Cuaresma. A la fiesta, mandó llevar sardinas para paliar el hambre, pero hizo tanto sol ese día que empezaron a descomponerse hasta el punto de que el mal olor que desprendían impidió que se pudieran comer. Fuera porque los transportistas se hubiesen declarado en huelga, o porque hubiera alguna cláusula de lentitud en el tratado pesquero de la época, cuando los cocineros destaparon las cajas de sardinas se desprendió tal hedor que Su Graciosa Majestad revocó la primera orden y dio una segunda: que las sardinas fueran enterradas inmediatamente en la Casa de Campo, donde seguiría la fiesta. Este hecho, lejos de aguar la fiesta, la animó, ya que el pueblo organizó, con no poco buen humor, el entierro de las sardinas putrefactas y, con ello, se deshicieron de su mal olor. En vez de cumplir con el proyecto inicial de enterrar la carne, los madrileños de entonces enterraron el pescado.Y allí se inició la tradición del entierro de la sardina. Desde entonces, año tras año, se celebra esta curiosa procesión.

RENACIMIENTO DE LA TRADICIÓN.

El renacimientos del Entierro de la Sardina se remonta a mediados del siglo XIX, cuando un grupo de estudiantes de Madrid, que se reunían en la rebotica de la Farmacia de San Antón, decidieron formar un cortejo fúnebre presidido por una sardina, que simboliza el ayuno y la abstinencia, queriendo revivir el festejo carnavalesco que se celebraba en Madrid el Miércoles de Ceniza. Tal vez, lo que nunca pensaron es en las inmensas proporciones y popularidad que, andando el tiempo, renacería esta fiesta.

SIGNIFICADO SOCIAL

En un principio, esta antigua celebración se estableció por motivos religiosos, ya qué originalmente el día de inicio de la Cuaresma se acostumbraba enterrar un costillar de cochino, al cual se le daba el nombre de sardina, para simbolizar la prohibición de comer carne durante esos días. Hay quienes aseguran que en el pasado, el Entierro de la Sardina era un ritual para atraer la abundancia de la pesca y la fertilidad de los animales, ante un nuevo ciclo de producción. El Carnaval es tiempo de libertades, de hacer todo lo que normalmente está prohibido, y el Entierro de la Sardina no escapa a esta condición pues también tiene características de irreverencia, inversión de roles y relajamiento. Es una oportunidad propicia para expresar libremente y en tono humorístico la crítica a las autoridades y normas sociales a través de la sátira. Al lanzar la Sardina al mar o incinerarla se cierra el ciclo festivo del Carnaval, para su repetición el próximo año.

domingo, 19 de febrero de 2012

ORIGENES DEL CARNAVAL


El Carnaval una fiesta del ciclo anual que precede a la Cuaresma en los países de tradición cristiana, se trata de una festividad móvil no religiosa, que suele celebrarse durante el mes de febrero.

El carnaval es, en los países cristianos, un período marcado por la exaltación de lo festivo, de lo mundano y de lo carnal.

Muchas han sido las propuestas etimológicas que han intentado explicar esta palabra. Así, el gran lingüista del romanticismo germánico, Friedrich Diez, la consideraba derivada de la perífrasis currus navalis, basándose en documentación latina que indicaba que cada 5 de marzo tenía lugar en el Imperio romano una fiesta en honor de Isis centrada tanto en una especie de comitiva de personas disfrazadas como en la aparición y celebración de un barco. Aunque es cierto que en determinadas áreas de Italia, de Alemania o de España (por ejemplo, en el pueblo de Reus, en Tarragona), se han descrito fiestas carnavalescas en que se utilizaban carros en forma de barco, esta propuesta etimológica quedó bastante en desuso desde los inicios del siglo XX.

Es muy probable que la palabra española "carnaval" sea un italianismo introducido a finales de la Edad Media, como adaptación de voces del tipo de "carnevale", "carnovale" o "carnelevare". En aquel período, las voces más habituales eran "carnestolendas" y "antruejo". También lo era "carnal", relativamente utilizada entre los siglos XIV y XVI, desde la época del Arcipreste de Hita hasta la de Covarrubias, pasando por las de Fray Hernando de Talavera y Juan del Enzina.

En realidad, la palabra "carnaval" solamente comenzó a ser habitual en la España del siglo XVII. Góngora fue uno de los primeros que la utilizó de modo recurrente, igual que harían, en el siglo XVIII, José de Cadalso y Gaspar Melchor de Jovellanos.

El hecho de que precede inmediatamente a una fiesta móvil cristiana como es la Cuaresma obliga a que el carnaval se celebre cada año en fechas diferentes, aunque coincidentes por lo general con el mes de febrero.

La fecha de finalización del carnaval, por el contrario, sí ha sido siempre muy clara: el carnaval concluye en la noche del martes de Carnaval, para dar paso al Miércoles de Ceniza en que se inaugura oficialmente la Cuaresma.

Sobre los orígenes y la historia del Carnaval, son cuestiones que han atraído la atención de historiadores y antropólogos, desde muy antiguo.

Por lo general, se suele aceptar que muchos ritos carnavalescos modernos, documentados en lugares muy dispersos del mundo, muestran parecidos muy estrechos con los que, en la antigua Roma, se asociaban a las "kalendae" de Jano, que tenían lugar el 9 de enero, y, sobre todo, a las "kalendae Ianuariae", que se celebraban el 1 de enero. Sobre todo en esta última fiesta, era común la exhibición de comparsas de hombres disfrazados que hacían burla de todo tipo de instituciones y personas. Sus andanzas son bien conocidas, porque fueron descritas, para ser refutadas y censuradas, por muchos escritores moralistas de la época, sobre todo cristianos. El propio Tertuliano, en el siglo III, lamentó amargamente que hasta los cristianos se implicasen en este tipo de rituales, y Asterio de Amascea llegó a quejarse de que los hombres, e incluso los soldados, se disfrazasen de mujer. Este autor citó, además, el disfraz de hilandera como uno de los más utilizados, lo que tiene el interés de que coincide con uno de los personajes más arraigados de las mascaradas carnavalescas modernas de toda Europa. Particularmente parecida a algunos rituales carnavalescos modernos fue una modalidad festiva asociada a estas "kalendae", que consistía en que hombres desnudos, y disfrazados sólo con pieles de ciervo o de ternera, salían por el pueblo o ciudad acosando sexualmente a las mujeres. Esta práctica, que fue agriamente censurada y prohibida por muchos concilios y disposiciones legales, tiene también un cierto parecido con algunas prácticas carnavalescas modernas, en que los hombres enmascarados se dedican a perseguir a las mujeres jóvenes, y en que los disfraces facilitan los intercambios sexuales libres.

Parece, en cualquier caso, que el carnaval occidental moderno no sólo está relacionado ideológica y ritualmente con las "kalendae Ianuariae" romanas, porque tiene puntos de contacto evidentes con otras celebraciones festivas de invierno muy bien documentadas en la época del Imperio. Concretamente con las Saturnales, con las Lupercales y con las Matronalia.

Las Saturnales eran una fiesta que los romanos celebraban cada 17 de diciembre. En ellas se elegía, normalmente por sorteo, una especie de rey de los jóvenes que ejercía su autoridad aquel día sobre sus compañeros. Y se practicaban otros ritos de inversión, como el de que los siervos se equiparasen aquel día con los amos, etc. Estas celebraciones están estrechamente relacionadas con muchas que se han documentado en todo Occidente asociadas a las celebraciones del invierno, y especialmente a las carnavalescas. En la Europa medieval era común, por ejemplo, que niños y jóvenes eligiesen por un día a un "rey de la faba" que gobernaba ese día sobre los demás. A veces, la elección se realizaba de un modo curioso: el agraciado era quien encontraba, dentro de un pastel cocido, un haba o algún otro objeto especial (ecos de este ritual quedan en la tradición española del "roscón de Reyes", en que quien encuentre el objeto especial se verá agraciado ese año con la suerte, aunque también deberá pagar otro roscón). En otras ocasiones, la elección se realizaba mediante naipes, o por designación directa del rey o autoridad máxima. Los favores y agasajos (a veces incluso en forma de pensión vitalicia) que recibía el agraciado solían ser tan grandes que su elección podía dar lugar a desórdenes, como los que hicieron que esta celebración, muy bien documentada desde la Edad Media, se prohibiese en Navarra en 1761. Es bien sabido que el célebre poeta Alfonso Álvarez de Villasandino aspiró en varias ocasiones a lo largo de su vida a convertirse en "rey de la faba" para poder superar sus problemas de subsistencia. En la fiesta de San Nicolás (6 de diciembre) ha sido común hasta hoy mismo en algunos lugares del norte de España que un niño fuese investido como autoridad y disfrazado como el Santo, y que dirigiese ese día a sus compañeros en diversas actividades de cuestación que les permitían comprar un gallo y acabar sacrificándolo ritualmente. Los niños cantores de iglesia han celebrado tradicionalmente este tipo de fiesta en la fecha de los Santos Inocentes (28 de diciembre). Todavía hoy, en el monasterio de Montserrat (Barcelona) se sigue celebrando cada año la elección y autoridad por un día del "bisbetó". Y, además, se ha documentado la existencia de "reyes de Navidad", "reyes" y "alcaldes de Inocentes", "reyes de porqueros" (como los que se elegían en Madrid cada 17 de enero, día de San Antón) y "de pastores" en muchos otros lugares y momentos de la historia de Occidente. En España, otras autoridades burlescas de este tipo han sido el "mazarrón" que se elegía la noche de Navidad en Villanueva de Carazo (Burgos), el "zancarrón" de Montamarta (Zamora), el alcalde burlesco de Torralba (Castellón), o todo el ayuntamiento burlesco que se elegía en Romanillos de Medinaceli (Soria).

Otra de las fiestas de la antigüedad clásica con la que muchos historiadores han relacionado el carnaval es la de las Lupercales, que tenía lugar cada 15 de febrero. Sus actos centrales consistían en que, después de un sacrificio de cabras, dos jóvenes medio desnudos, ungidos con la sangre de las victimas y cubiertos sólo con unas pieles, corrían por la ciudad y azotaban con una vara o cuerda a la gente, especialmente a las mujeres jóvenes. Ese acto era interpretado como una donación sexual y como una garantía de fecundidad para esas mujeres a lo largo de ese año. Este tipo de rito cuenta también con claros paralelos en los carnavales folclóricos modernos de muchos pueblos, en que hombres disfrazados corren entre el pueblo, persiguiendo y azotando con una vara o cuerda a las mujeres, en clara remembranza del acto sexual. Desde las botargas de Guadalajara hasta los zaparrastros de Aller (Asturias), pasando por los "murrieiros", "choqueiros", "charrúas" o "irrios" gallegos, cuyas actividades describió Fermín Bouza-Brey, tienen ésta entre sus funciones principales.

Otra fiesta de la antigüedad clásica que presenta evidentes paralelismos con los carnavales modernos son las Matronalia, que festejaban los romanos cada 15 de marzo. En ellas, los esposos solían hacer regalos a sus mujeres, las esclavas eran manumitidas por un día, y, en general, el poder femenino era realzado durante toda la jornada. Resultan claras las coincidencias con muchos ritos carnavalescos modernos en que se establece la autoridad de las mujeres del pueblo durante un día. Muy célebre es el caso del pueblo segoviano de Zamarramala, donde, cada 5 de febrero, festividad de Santa Águeda, las mujeres se constituyen en Ayuntamiento, eligen una alcaldesa e imponen su autoridad sobre los hombres. En muchos otros pueblos de España (como por ejemplo en los riojanos de Uruñuela, Robres del Castillo o Agoncillo) existen celebraciones parecidas.

En cualquier caso, no sólo las fiestas de la antigüedad clásica muestran paralelismos con los carnavales modernos de Occidente. El hecho de que muchas mascaradas que tienen lugar en el invierno entre los pueblos bereberes del norte de África presenten relaciones estrechísimas con las mascaradas carnavalescas europeas; o el que los judíos celebren, también en el invierno, la alegre festividad de Purim, en que el disfraz, el juego, la bebida y la inversión de valores son los protagonistas, sugiere relaciones y vínculos multidireccionales muy complejos y profundos.

En general, puede decirse que el carnaval occidental moderno debió de configurarse en formas muy parecidas a las que hoy conocemos en la Edad Media. Son innumerables los documentos que lo describen a lo largo y ancho de toda la Europa medieval, e innegable la importancia que su celebración y significación tenía en aquella sociedad. A partir sobre todo del Renacimiento, los intentos de regulación y de prohibición que sufrió fueron continuos. Así, en la España de 1523, Carlos I prohibió que los hombres se enmascarasen; y, a lo largo de todo ese siglo y del siguiente, los alcaldes de Madrid prohibieron muchos de los actos que se le asociaban, como los de lanzar agua con jeringas a los viandantes, etc.

En el siglo XVIII, el carnaval se vio inmerso en un proceso de aceptación por las cortes y las ciudades europeas, que llevó a su refinamiento y estilización. Por ejemplo, el uso de máscaras se integró en el molde de los "bailes de máscaras" cortesanos. El carnaval de Venecia sigue siendo una de las fiestas más refinadas y elegantes del mundo, muy alejado de otros mucho más espontáneos y ruidosos, como las también celebérrimos de Río de Janeiro (Brasil). Pero puede decirse que, en general, el carnaval ha seguido siendo siempre una fiesta eminentemente popular, en que sobre todo las clases humildes y los jóvenes se enfrentaban temporalmente e intentaban subvertir un orden social muy oneroso para ellos. Ello explica que sus intentos de regulación y de prohibición no hayan cesado hasta el mismo siglo XX, como ilustra el hecho de que, durante la dictadura (1939-1975) de Francisco Franco, la celebración de los carnavales estuviese prohibida en toda España, donde, sin embargo, volvió a resurgir tras aquel período con enorme vitalidad.

La importancia del carnaval como fenómeno cultural ha quedado reflejado en innumerables obras artísticas de muchas épocas y países. Desde el Libro de buen amor de Juan Ruiz, o las piezas de teatro carnavalesco de Juan del Enzina hasta el Gargantúa y Pantagruel de Rabelais, las descripciones del Carnaval romano de Goethe, o las del carnaval madrileño de Mesonero Romanos, pasando por las pinturas de Brueghel, Pietro Longhi o Goya, y por piezas musicales de Héctor Berlioz (Obertura del Carnaval Romano), Robert Schumann (Carnaval), Anton Dvorak (Obertura Carnaval) o Giuseppe Verdi (Un ballo in maschera).

Fuentes: historiadelasmascarasycaretas / espanolesinfrontera /

viernes, 28 de enero de 2011

EL POEMA ERES TU


1. Escucha la sabiduría de tu cuerpo, que se expresa por señales de comodidad e incomodidad. Cuando elijas cierta conducta, pregunta a tu cuerpo que siente al respecto. Si tu cuerpo envía una señal de inquietud física o emocional, ten cuidado. Si tu cuerpo envía una señal de comodidad y anhelo, procede.

2. Vive en el presente, que es el único momento que tienes. Mantén tu atención en lo que existe aquí y ahora; busca la plenitud en todo momento. Acepta lo que viene a ti total y completamente para que puedas apreciarlo y aprender de ello; luego déjalo pasar. El presente es como debe ser. Refleja infinitas leyes de la Naturaleza que te han traído hasta este pensamiento exacto, esta reacción física precisa. Este momento es como es porque el Universo es como es. No luches contra el infinito esquema de las cosas; por el contrario, sé uno con él.

3. Dedica tiempo al silencio, a meditar, a acallar el diálogo interior. En momentos de silencio, cobra conciencia de que estás recontactándote con tu fuente de conciencia pura. Presta atención a tu vida interior para que puedas guiarte por tu intuición, antes que por interpretaciones impuestas desde fuera sobre lo que conviene o no te conviene.

4. Renuncia a tu necesidad de aprobación externa. Sólo tú eres el juez de tu valer; tu meta es descubrir el infinito valor de ti mismo, sin dar importancia a lo que piensen los demás. Al comprender esto se logra una gran libertad.

5. Cuando te descubras reaccionando con enojo u oposición ante cualquier persona o circunstancia, recuerda que sólo estás luchando contigo mismo. Presentar resistencia es la reacción de las defensas creadas por
viejos sufrimientos. Cuando renuncies a ese enojo te curarás y cooperarás con el flujo del universo.

6. Recuerda que el mundo de allí fuera refleja tu realidad de aquí dentro. Las personas ante las cuales tu reacción es más fuerte, sea de amor u odio, son proyecciones de tu mundo interior. Lo que más odias es lo que más niegas en ti mismo. Lo que más amas es lo que más deseas dentro de ti. Usa el espejo de las relaciones para guiar tu evolución. El objetivo es un total conocimiento de uno mismo. Cuando lo consigas, lo que más desees estará automáticamente allí; lo que más te disgusta desaparecerá.

7. Libérate de la carga de los juicios. Al juzgar impones el bien y el mal a situaciones que simplemente son. Todo se puede entender y perdonar, pero cuando juzgas te apartas de la comprensión y anulas el proceso de aprender a amar. Al juzgar a otros reflejas tu falta de autoaceptación.Recuerda que cada persona a la que perdones aumenta tu amor a ti mismo.

8. No contamines tu cuerpo con toxinas, ya sea por la comida, la bebida o por emociones tóxicas. Tu cuerpo no es sólo un sistema de mantenimiento de la vida. Es el vehículo que te llevará en el viaje de tu evolución. La salud de cada célula contribuye directamente a tu estado de bienestar, porque cada célula es un punto de conciencia dentro del campo de la conciencia que eres tú.

9. Reemplaza la conducta que motiva el miedo por la conducta que motiva el amor. El miedo es un producto de la memoria, que mora en el pasado. Al recordar lo que nos hizo sufrir antes, dedicamos nuestras energías a asegurarnos de que el antiguo sufrimiento no se repita. Pero tratar de imponer el pasado al presente jamás acabará con la amenaza del sufrimiento. Eso sólo ocurre cuando encuentras la seguridad de tu propio ser, que es amor. Motivado por la verdad interior, puedes enfrentarte a cualquier amenaza, porque tu fuerza interior es invulnerable al miedo.

10. Comprende que el mundo físico es sólo el espejo de una inteligencia más profunda. La inteligencia es la organizadora invisible de toda la materia y toda la energía; como una parte de esta inteligencia reside en ti, participas del poder organizador del cosmos. Como estás inseparablemente vinculado con el todo, no puedes permitirte el contaminar el aire y el agua del planeta. Pero en un plano más profundo, no puedes permitirte el vivir con una mente tóxica, porque cada pensamiento crea una impresión en el campo total de la inteligencia. Vivir en equilibrio y pureza es el más elevado bien para ti y para la Tierra.”

Deepak Chopra

domingo, 9 de enero de 2011

VER LA LUZ


El solsticio de invierno marca el final de la larga noche en el hemisferio norte, un suceso astronómico que se ha incorporado a la cultura universal y también a la intimidad de cada persona. Seguramente el hombre del paleolítico ya se dio cuenta de que en mitad del frío boreal, de pronto el sol comenzaba a crecer y la luz del día se dilataba con una cadencia precisa. Hubo un mago con cuernos de bisonte en la frente que propuso a la tribu bailar al son de los tambores para celebrarlo. Esta fiesta en homenaje al sol que nace ha seguido a lo largo de la historia, pero desde el paleolítico la humanidad se divide en dos: unos que descubren esa nueva luz en todas partes, la incorporan a su espíritu y la proyectan sobre los demás; otros que lo ven siempre todo negro y trasmiten su propia oscuridad alrededor e incluso en pleno agosto, con todas las chicharras hirviendo, no son capaces de quitarse el invierno de encima. Esta dicotomía del alma puede aplicarse a cualquier tipo de personas, políticos, economistas, obispos, intelectuales y sociólogos, que conforman la opinión pública y también a camareros, taxistas, carteros y cajeras de supermercado, el espeso caldo humano que uno se ve obligado a navegar. Hay sujetos con barba por dentro que con solo abrir la boca ya te han amargado el día. Cualquiera puede oírlos en el Parlamento, en las tertulias de la televisión, en la barra del bar, en los despachos y oficinas. Solo hallan inspiración en las catástrofes reales o imaginarias que se avecinan y como los antiguos profetas se refocilan con sumo placer si el mal que anuncian se cumple. En cambio otros incorporan la naturaleza a la vida con el ciclo de los astros y no pueden evitar un grado de felicidad al saber que el sol irá mordiendo la oscuridad, despertará inevitablemente la savia en los troncos de los árboles y ese acontecimiento de la luz rotará tanto en las esferas celestes como sobre su propio futuro. En este tiempo de disciplinantes aciagos, para salvarse hay que elegir entre aquellos que al ver unas flores siempre piensan en un féretro y los que son capaces de matar con tal de que nadie le estropee el desayuno. Para vivir hay que demostrar primero que uno no está muerto por dentro. Esa es la única moral.

Fuente: MANUEL VICENT 09/01/2011 EL PAIS