Para vivir verdaderamente es necesario renacer, para renacer es imprescindible "morir" y para "morir" es imprescindible DESPERTAR". G.I. Gurdjieff

domingo, 16 de agosto de 2015

SOBRE LOS RITUALES

"Los conflictos de Jesús se produjeron con los más fieles cumplidores de la religión"
 



Lo primero, lo más elemental, en el problema planteado a propósito de los rituales religiosos, es tener muy claro que no es lo mismo hablar de Dios que hablar de la religión. Dios es el fin último que podemos buscar o anhelar los mortales. La religión es el medio por el que (y con el que) intentamos acercarnos a Dios o relacionarnos con él. Por tanto, Dios no es un elemento más, un componente más (entre otros) de la religión.

Por otra parte - si intentamos llegar al fondo del problema -, Dios y la religión no se pueden situar en el mismo plano. Ni pertenecen al mismo orden o ámbito de la realidad. Porque Dios es el Absoluto. Y el Absoluto es el Trascendente. Es decir, Dios se sitúa en el orden o ámbito de la "trascendencia". Mientras que todo lo que no es Dios (incluida la religión) es siempre una realidad que se queda "aquí abajo", o sea en el ámbito de la "inmanencia".

Todo esto quiere decir que "ser trascendente" significa "ser inabarcable" o "ser inconmensurable". Es decir, Dios no está a nuestro alcance. Por tanto, Dios no es una realidad "cultural". En tanto que la religión es siempre un producto de la cultura. Otra cosa es las "representaciones" que los humanos nos hacemos de Dios. Pero eso ya no es "Dios en Sí", sino nuestra manera (culturalmente condicionada) de representarnos al Trascendente.

Hecha esta disquisición, que me parece indispensable, tocamos ya las cuestiones que nos interesan más directamente en esta reflexión. Ante todo, es importante saber que, en la larga historia y prehistoria de la religión, lo primero no fue el conocimiento y la experiencia de Dios, sino la práctica de rituales de sacrificio (así, por lo menos, desde E. O. Wilson, incluso ya antes Karl Meuli). De forma que abundan los paleontólogos que defienden que, desde el paleolítico superior, hay huellas claras de este tipo de prácticas rituales (W. Burkert, H. Kühn, P. W. Scmidt, A. Vorbichler).

Si bien hay quienes piensan que los rituales religiosos relacionados con la muerte se inician a partir del mesolítico (Ina Wunn). En todo caso, se acepta la convicción que ya propuso G. Van der Leeuw: "Dios es un producto tardío en la historia de la religión" (K. Lorenz, W. Burkert). Lo que es comprensible, si tenemos en cuenta que Dios nos trasciende y no está a nuestro alcance, como lo están los rituales religiosos.

Así las cosas, es un hecho que los rituales religiosos, en sus más variadas formas, están más presentes en cada ser humano, ya desde la infancia, que la claridad y la profundidad en la relación con Dios. Dicho más claramente, creo que no es ninguna exageración afirmar que, tanto en los individuos como en la sociedad, están más presentes los rituales y sus observancias que Dios y sus exigencias.

O sea, en la vida de muchos (muchísimos) creyentes, están muy presentes los rituales religiosos y la observancia de los mismos. Mientras que la firmeza, la cercanía y la fiel escucha de Dios es un asunto que son también muchos (muchísimos) los creyentes que no tienen eso resuelto debidamente. Lo que lleva consigo, entre otras cosas, una consecuencia de enorme importancia. Una consecuencia que consiste en que, con demasiada frecuencia, en la conducta de muchas personas se divorcian la observancia de los ritos sagrados, por una parte, y la fidelidad a la honestidad, la honradez y la bondad ética, por otra parte.

Y entonces, nos encontramos con un hecho que lamentamos muchas veces. Me refiero al hecho de tantas personas que son fielmente observantes y religiosas, pero al mismo tiempo son personas que dejan mucho que desear en su conducta ética. ¿Cómo se explica esto? El comportamiento religioso consiste en la fidelidad a la observancia de los rituales sagrados. Pero ocurre que los ritos son acciones que, debido al rigor de la observancia de las normas, se constituyen en un fin en sí (G. Theissen, B. Lang, W. Turner). Y, entonces, lo que ocurre es que el fiel observante del ritual se tranquiliza en su conciencia, se siente en paz consigo mismo, se libera de posibles sentimientos de culpa o de miedos que adentran sus raíces en el inconsciente, al tiempo que la conducta ética, con sus incómodas exigencias queda desplazada.

Y el sujeto se siente en paz con su conciencia, con sus semejantes y con Dios. En lo que he intentado explicar aquí, radica (según creo) la clave para comprender el conflicto de Jesús con los hombres más religiosos y observantes de su tiempo. Es notable que, por lo que narran los relatos evangélicos, Jesús no tuvo enfrentamientos ni con los romanos, ni con los pecadores, los samaritanos, los extranjeros, etc. Los conflictos de Jesús se produjeron precisamente con los más fieles cumplidores de la religión: sumos sacerdotes, maestros de la Ley y fariseos.

¿Por qué precisamente con estas personas y no con los alejados de la religión y sus rituales? Jesús fue un hombre profundamente religioso. Pero Jesús vio el peligro que entraña la fiel observancia de los ritos de la religión. ¿Qué quiere decir esto? Jesús no rechazó el culto religioso. Lo que Jesús hizo fue desplazar el centro de la religión. Ese centro no está ni en el templo y sus ceremonias, ni en lo sagrado y sus rituales.

El centro de la experiencia religiosa, para Jesús, está en hacer lo que hizo el mismo Dios, que se "encarnó" en Jesús. Es decir, Dios se humanizó en Jesús. Dios está presente en cada ser humano, sea quien sea, piense como piense, viva como viva. Sólo reconociendo esta realidad sorprendente y viviéndola, como la vivió el propio Jesús, sólo así estaremos en el camino que nos lleva al centro mismo de la religiosidad que vivió y enseñó Jesús.

¿En qué consiste, entonces, el culto a Dios? La carta a los hebreos lo dice con tanta claridad como firmeza: "No os olvidéis de la solidaridad y de hacer el bien, que tales sacrificios son los que agradan a Dios" (Heb 13, 16). Que no es sino la fórmula tajante que plantea el autor de la carta de Santiago: "Religión pura y sin tacha a los ojos de Dios Padre, es ésta: mirar por los huérfanos y las viudas en sus apuros y no dejarse contaminar por el mundo" (Heb 1, 27).

 

Fuente: José Mª Castillo. Periodista Digital. 15 de agosto de 2015.

miércoles, 5 de agosto de 2015

LAS MUJERES EN LOS ORIGENES DEL CRISTIANISMO

El movimiento de Jesús era un colectivo igualitario de seguidores y seguidoras, sin discriminaciones por razones de género.           En su obra La Ciudad de las Damas, de principios del siglo XV, la escritora francesa Christine de Pisan constataba la disparidad entre la imagen negativa de los varones sobre las mujeres y el conocimiento que tenía de sí misma y de otras mujeres. Los varones afirmaban que el comportamiento femenino estaba colmado de todo vicio; juicio que en opinión de Christine demostraba bajeza de espíritu y falta de honradez. Ella, por el contrario, tras hablar con muchas mujeres de su tiempo que le relataron sus pensamientos más íntimos y estudiar la vida de prestigiosas mujeres del pasado, les reconoce el don de la palabra y una inteligencia especial para el estudio del derecho, la filosofía y el gobierno.

La situación de entonces se repite hoy en la mayoría de las religiones, que se configuran patriarcalmente y nunca se han llevado bien con las mujeres. Estas no suelen ser consideradas sujetos religiosos ni morales, por eso se las pone bajo la guía de un varón que las lleve por la senda de la virtud. Se les niega el derecho a la libertad dando por supuesto que hacen mal uso de ella. Se les veta a la hora de asumir responsabilidades directivas por entender que son irresponsables por naturaleza. Son excluidas del espacio sagrado por impuras. Se las silencia por creer que son lenguaraces y dicen inconveniencias. Son objeto de todo tipo de violencia: moral, religiosa, simbólica, cultural, física, etc.
Sin embargo, las religiones difícilmente hubieran podido nacer y pervivir sin ellas. Sin las mujeres es posible que no hubiera surgido el cristianismo y quizá no se hubiera expandido como lo hizo. Ellas acompañaron a su fundador Jesús de Nazaret desde el comienzo en Galilea hasta el final en el Gólgota. Recorrieron con él ciudades y aldeas anunciando el Evangelio (=Buena Noticia), le ayudaron con sus bienes y formaron parte de su movimiento.

La teóloga feminista Elisabeth Schüssler Fiorenza ha demostrado en su libro En memoria de ella que las primeras seguidoras de Jesús eran mujeres galileas liberadas de toda dependencia patriarcal, con autonomía económica, que se identificaban como mujeres en solidaridad con otras mujeres y se reunían para celebrar comidas en común, vivir experiencias de curaciones y reflexionar en grupo.
 
La mayoría de las religiones se configuran patriarcalmente y nunca se han llevado bien con las mujeres

El movimiento de Jesús era un colectivo igualitario de seguidores y seguidoras, sin discriminaciones por razones de género. No identificaba a las mujeres con la maternidad. Se oponía a las leyes judías que las discriminaban, como el libelo de repudio y la lapidación, y cuestionaba el modelo de familia patriarcal. En él se compaginaban armónicamente la opción por los pobres y la emancipación de las estructuras patriarcales. Las mujeres eran amigas de Jesús, personas de confianza y discípulas que estuvieron con él hasta el trance más dramático de la crucifixión, cuando los seguidores varones lo abandonaron.

En el movimiento de Jesús las mujeres recuperaron la dignidad, la ciudadanía, la autoridad moral y la libertad que les negaban tanto el Imperio Romano como la religión judía. Eran reconocidas como sujetos religiosos y morales sin necesidad de la mediación o dependencia patriarcal. Un ejemplo es María Magdalena, figura para el mito, la leyenda y la historia, e icono en la lucha por la emancipación de las mujeres.

A ella apelan tanto los movimientos feministas laicos como las teologías desde la perspectiva de género, que la consideran un eslabón fundamental en la construcción de una sociedad igualitaria y respetuosa de la diferencia. María Magdalena responde, creo, al perfil que Virginia Woolf traza de Ethel Smyth: “Pertenece a la raza de las pioneras, de las que van abriendo camino. Ha ido por delante, y talado árboles, y barrenado rocas, y construido puentes, y así ha ido abriendo camino para las que van llegando tras ella”.

Las mujeres fueron las primeras personas que vivieron la experiencia de la resurrección, mientras que los discípulos varones se mostraron incrédulos al principio. Es esta experiencia la que dio origen a la Iglesia cristiana. Razón de más para afirmar que sin ellas no existiría el cristianismo. No pocas de las dirigentes de las comunidades fundadas por Pablo de Tarso eran mujeres, conforme al principio que él mismo estableció en la Carta a los Gálatas: “Ya no hay más judío ni griego, esclavo ni libre, varón o hembra”.

Sin embargo, pronto cambiaron las cosas. Pedro, los apóstoles y sus sucesores, el papa y los obispos, se apropiaron de las llaves del reino, se hicieron con el poder y la gloria, mientras que a las mujeres les impusieron el velo, el silencio y la clausura monacal o doméstica. ¿Cuándo se reparará tamaña injusticia para con las mujeres en el cristianismo? Habría que volver a los orígenes, más en sintonía con los movimientos de emancipación que con las Iglesias cristianas de hoy, cuestionar la primacía de Pedro, recuperar el cristianismo inclusivo del comienzo y crear nuevas alianzas. Jesús Nazaret, María Magdalena, Cristina de Pisan, Virginia Woolf, los movimientos feministas y la teología feminista caminan en dirección similar.

 
Juan José Tamayo es miembro del Comité Científico del Instituto Universitario de Estudios de Género de la Universidad Carlos III de Madrid y autor de Cincuenta intelectuales para una conciencia crítica (Fragmenta, Barcelona, 2013).

domingo, 26 de julio de 2015

TEMPLARIOS Y MASONES



La iniciación en la masonería comprende las pruebas de la tierra, el agua, el aire y el fuego cuya presencia vemos en varias cofradías secretas de la antigüedad; la iniciación al grado de Maestro descansa sobre el mito del arquitecto asesinado.

Entre los símbolos secretos de los antiguos francmasones operativos, hay que citar primero los laberintos que son verdaderas rúbricas iniciáticas de magia telúrica. Fueron destruidos, en su mayoría, por clérigos europeos a partir del siglo XVII; los que subsisten están muy a menudo ocultos por maleza que impiden sentir el inmenso impulso de las bóvedas. En el centro de los laberintos figuraba, por lo general, el rostro de uno o varios maestros de obras que encarnaban el alma de la cofradía masónica que había construido la Catedral.

La escalera de caracol, que puede verse en numerosas torres de catedrales, fue un  importante símbolo de la masonería medieval; aludía a la necesidad de evolucionar en  torno a un eje central, de seguir las volutas de la existencia humana sin perder nunca de  vista una referencia sagrada. A lo largo de esas escaleras o en los pilares, se encuentran  marcas de constructores y signos lapidarios que son, unas veces, firmas de escultores, otras, restos geométricos que ofrecen claves de proporciones. Esas marcas existían ya en la más alta antigüedad; en las paredes del templo egipcio de Medinet- Habu , Dyamet (nombre egipcio), que data de la XVIII Dinastía, se ve la estrella de cinco puntas, la cruz de San Andrés, un armonioso trazado de un plano de templo, un cuadrado largo es decir, un rectángulo de 1 por 2 que es, hoy todavía, el símbolo de la logia masónica.

Los albañiles de la Edad Media poseían tres «joyas» inmutables que definían la naturaleza de los tres grados de la iniciación. La piedra bruta o en bruto era la primera «joya», reservada a los aprendices; la segunda era la piedra cúbica de punta, reservada a los compañeros; la tercera, la tabla de trazo (de donde proviene la frase el trazado de arquitectura ) , reservada a los maestros albañiles.

En la francmasonería contemporánea, la piedra en bruto sigue siendo el símbolo de los
aprendices; pocas veces se emplea la piedra cúbica con punta y la tabla de trazo, desgraciadamente, se olvidó con el paso de los años.

La gran «reserva» simbólica de la masonería medieval es, esencialmente, el repertorio iconográfico de los capiteles esculpidos. Allí encontramos el pelícano, el fénix y el águila de dos cabezas que se honran en los altos grados masónicos; todas las actitudes rituales del escultor iniciado se representan en la piedra o en la madera, todos los objetos sagrados de los albañiles son visibles en las iglesias y las catedrales, todos sus secretos espirituales y técnicos son accesibles aún gracias al lenguaje del símbolo.

El término de «símbolo», que sin duda es el mejor camino para comprender la mentalidad medieval, nos da ocasión para abordar un tema delicado: las relaciones de la francmasonería medieval con otra gran sociedad iniciática de aquel tiempo, la orden caballeresca de los templarios. Como demostró el historiador Paul Naudon, en una obra sobre "Les loges de Saint-Jean", la epopeya de las catedrales se debió a la acción conjunta de la Iglesia, los templarios y los francmasones. Puesto que la masonería del siglo XX reivindica de buen grado su ascendencia templaría, es necesario examinar esta afirmación.

Es sabido que, según la leyenda, los nueve fundadores de la Orden encontraron en los cimientos del templo de Jerusalén un cofre en el que se ocultaba un manuscrito secreto supuestamente escrito por el mismo Rey Salomón de inestimable valor iniciático; éste relataba el procedimiento empleado por Salomón para realizar la Gran Obra alquímica en el interior del cuerpo humano. Poco después de su nacimiento, en 1118, la orden del Temple tuvo una gran actividad arquitectónica; recurrió a los albañiles y los protegió de un modo constante. En cada comandancia había un maestro arquitecto que velaba por los derechos de franquicia concedidos a todos los obreros que solicitaban la hospitalidad del Temple. En 1268, Fouques de la Orden del Temple es, a la vez, templario, francmasón y maestro carpintero del rey; es el vivo símbolo de una unión total.

Además, en 1 155, casi todas las logias inglesas eran administradas por el Temple. El 19 de marzo de 1314 tiene lugar la ejecución de Jacques de Molay, que supone la muerte oficial de la orden templaría. ¿Qué se reprochaba a esos caballeros? Esencialmente que mantuvieran cultos heréticos y se entregaran a prácticas sexuales. Son las calumnias habituales que aparecen sin cesar cuando se ataca a las sociedades iniciáticas. De hecho, Felipe el Hermoso había visto cómo su solicitud de admisión era rechazada por los maestros templarios, y su vanidad de tirano, acompañada por una imperiosa necesidad de dinero, desembocó en los actos criminales conocidos por todos. Además, los templarios no revelaban a la Iglesia romana el secreto de sus asambleas; los «capítulos» del Temple interior se reunían por la noche y no se confundían con las asambleas que administraban los inmensos bienes materiales de la  orden. 

Solo hemos conservado algunos retazos de la iniciación templaría. Antes de la entrada del neófito, el maestro del lugar preguntaba a los hermanos: ¿Queréis que le hagamos venir por Dios?; a eso responden: «Hacedlo venir por Dios». Cuando el neófito entra en el templo, todos los iniciados se vuelven hacia él y le preguntan: «¿Os halláis todavía en vuestra buena voluntad?»; fórmula que la francmasonería transformara ligeramente preguntando al profano si es libre y de buenas costumbres. «Requerís algo muy grande», dice el maestro al postulante, «pues solo veis la corteza de nuestra orden. Ignoráis los duros mandamientos de nuestra sociedad, pues es duro que vos, que sois dueño de vos mismo, os hagáis siervo de otro». Durante la ceremonia, una pregunta reaparece vanas veces: «¿Sois de buena voluntad?». Y todas las veces el postulante se compromete más y manifiesta su deseo de proseguir. El instante supremo es el de la «creación» del nuevo templario. El maestro se dirige entonces a los hermanos: «Si entre vosotros hubiera alguno que conoce en él (el postulante) algo que le impida ser un hermano según la Regla, que lo diga; pues mejor sería que lo dijese antes que cuando haya acudido ante nosotros».

Esta fase ritual se conserva íntegramente en la iniciación masónica contemporánea. Los templarios empleaban ya la calavera que se encuentra en el «gabinete de reflexión» de los masones, honraban de modo particular una piedra procedente del cielo que puede confundirse con la piedra cúbica del compañero masón. Además, cuando el iniciado templario pasa por encima del crucifijo, lleva a cabo un acto análogo al del maestro masón cuando pasa por encima del ataúd de Hiram. El Gran Maestre de los templarios se afirma, por lo demás, como arquitecto, puesto que posee el ábaco, el bastón sagrado de los constructores. La fiesta del solsticio del san Juan de invierno reúne a templarios y francmasones, y los grandes maestros de ambas órdenes encienden personalmente las hogueras rituales.

Es del todo cierto que templarios y francmasones mantuvieron estrechos vínculos durante la época medieval. Tras la destrucción de la orden del Temple, algunos afirmaron que los templarios habían escapado de la matanza. Varios hermanos se habrían refugiado en Escocia, cerca de Heredom, donde fueron recibidos con alegría por los caballeros de san Andrés del Cardo. En nuestros días, el Rito Escocés Rectificado reivindica a los templarios que habrían creado ese rito masónico en Heredom, hacia 1340. Según otros relatos, el rey escocés Bruce habría acogido en su corte a los templarios supervivientes y fundado en su honor la orden del Cardo, hacia 1313. En su obra Del régimen de estricta Observancia, el masón de Hund resume en estos términos la leyenda que une los templarios con los masones: «Tras la catástrofe, el Gran Maestro provincial de Auvernia, Pierre d'Aumont, huye con dos comendadores y  cinco caballeros. Para no ser reconocidos se disfrazaron de obreros albañiles y se  refugiaron en una isla escocesa donde encontraron al gran comendador Georges de Harris y a  varios hermanos más, con los que decidieron continuar la orden. Celebraron, el día de 
san Juan de 1313, un capítulo en el que Aumont, el primero de su nombre, fue nombrado
Gran Maestro. Para evitar las persecuciones, tomaron prestados símbolos del arte de la albañilería y se denominaron albañiles libres». La nueva orden se extendió entonces  por Inglaterra, Alemania e Italia. Los nombres y las fechas, una vez más, deben ser puestos en duda, y numerosos historiadores rechazan la ascendencia templaría de la francmasonería. 

Cierto es, sin embargo, que algunos templarios prosiguieron la Obra iniciada y se refugiaron en las cofradías de albañiles a los que habían protegido cuando eran poderosos. La identidad de
puntos de vista y la comunidad de los símbolos eran serios motivos de aproximación.

Además, la filiación templaría es una realidad viva para muchos masones que recuerdan las palabras pronunciadas por su hermano Ramsay en el siglo XVIII: «Los cruzados [que se identifican aquí con los templarios], reunidos de todas partes de la cristiandad en Tierra Santa, quisieron unir en una sola confraternización a los subditos de todas las naciones. El nombre de francmasones no debe ser entendido, pues, en un sentido literal, grosero y material... Qué agradecimiento se debe, pues, a esos hombres superiores que, sin grosero interés, sin ni siquiera escuchar el natural deseo de dominar, imaginaron un establecimiento cuyo único objetivo es la reunión de los espíritus y los corazones, para hacerlos mejores, y formar, en el transcurso de los tiempos, una nación del todo espiritual».

Llegados ya al final de este capítulo en el que hemos intentado hacer revivir algunos de los aspectos de la francmasonería en la Edad Media. Es hora de sacar algunas conclusiones de esta investigación, recordando los principios esenciales de la Orden masónica en la cima de su gloria y de su genio; tendremos así puntos de referencia para mejor comprender la ulterior revolución de la Orden. El albañil, el masón, de la Edad Media, entra en una cofradía cuyo objetivo principal es construir un templo de piedra destinado a recibir la asamblea de los fieles. 

Construyéndolo, el iniciado aprende también a construir un templo espiritual que nunca estará acabado. En el interior de la Orden no hay disociación entre el espíritu y la mano, entre los «pensadores» y los «manuales»; el Maestro de Obras es el símbolo viviente de esta unidad.

Para el masón, el universo es una gigantesca obra donde se encuentran todos los materiales indispensables para la erección de la catedral. A él le toca saber utilizarlos y realizar la Obra más hermosa que ofrecerá a Dios y no a los hombres. «Todos los ritos de la masonería», escribió Jules Romains, «giran en torno a la idea de construcción. Si habéis comprendido eso, lo habéis comprendido todo». El masón, en efecto, no cree en el «buen salvaje»; a su juicio, el oficio es necesario para la culminación del alma, el trabajo es la mejor aproximación a lo divino. Pero no se trabaja de cualquier modo; para reconstruir al hombre edificando una iglesia, hay que estar iniciado y percibir el sentido de los símbolos. «Dios escribe derecho con renglones torcidos», dice un proverbio masónico que anuncia los descubrimientos de Einstein. Por eso la vida del masón es una espiral que se desarrolla hasta el infinito, una curva armoniosa que une el cielo y la tierra. El buen masón es el que tiene «el compás en el ojo», ese ojo de Luz que está siempre situado por encima del Venerable Maestro del lugar, en las logias actuales.

Según la francmasonería, tres obras deben realizarse aquí abajo: prolongar la Obra de Dios llevando a la existencia lo que antes no era; por ejemplo, hacer surgir una catedral de la nada. Luego, prolongar la obra de la naturaleza revelando a los hombres lo que estaba oculto; por ejemplo, traducir a símbolos las ideas iniciáticas vividas en el secreto de los templos.

Finalmente, crear de acuerdo con las leyes de la Maestría, es decir, unir lo que estaba separado y separar lo que estaba mal unido. El Maestro de Obras es aquel que consigue realizar esas tres obras gracias a las enseñanzas de la francmasonería. Podemos recordar ese hermoso diálogo de constructores que evoca, perfectamente, el estado de ánimo de los masones o albañiles medievales.

Fuente:http://groups.google.com/group/SECRETO-MASONICO

miércoles, 22 de julio de 2015

EL DIA DE NUESTRA SEÑORA MARIA MAGDALENA



Para los cataros, Maria de Magdala era considerada como la compañera de Jesús, y aprovechando su festividad, el día 22 de julio de 1.209, los soldados de la cruzada catara, organizada por el papa Inocencio III y por el rey francés para acabar con la herejía, entraron en Béziers, cerca de Montpeller, proponiendo a sus habitantes la entrega de 222 cataros a cambio no ser atacados; la respuesta fue unánime, cátaros y católicos se unieron para defender su ciudad ante el ataque. Mujeres, ancianos y niños se refugiaron en la Iglesia de Santa Magdalena: y los soldados de la cruzada mataron a todos sus habitantes, sin distinción de edad, ni sexo, ni creencias. Las crónicas dicen que los soldados solicitaron al abad del Cister, Arnauld Amalric, el legado pontificio que estaba a cargo de la tragedia, como distinguir de entre los habitantes de la ciudad a los herejes y a los cristianos, a lo cual Almaric pronunció la frase escalofriante de" Matadlos a todos que Dios ya reconocerá a los suyos".

Aquel día de Nuestra Señora del año 1.209, se estima que fueron cruelmente asesinadas entre 7.000 y 20.000 personas en manos de las huestes dirigidas por el legado del Papa, está última cifra fue la que facilitó en su informe el sanguinario legado Arnauld Almaric.

San Bernardo de Claraval escribió un informe al Papa, después de haber sido designado por èste para contrarrestar el auge que estaban obteniendo los perfectos cátaros, en el cual confirmaría al Papa: "Nada reprensible se encuentra en su modo de vivir".

El Catarismo es una religión iniciática, basada en el principio dualista y procedente de una sabiduría primigenia de liberación del hombre de la esclavitud material, heredero conocimiento de las escuelas de misterio de la Antigüedad, Egipto, Caldea y Grecia.

Su Evangelio era el de San Juan, y su principal sacramento el Consolamentum, teniendo un especial respeto y admiración por María Magdalena.

Magdalena aparece en el Evangelio de Juan, como la mujer que lamentando la muerte de Cristo, lo busca y lo encuentra resucitado, acontecimiento que nos recuerda a Isis, la diosa más amada para los antiguos egipcios, el alma de la estrella Sirio, quien busca a su amante Osiris asesinado, y en su búsqueda lo devuelve a la vida por unos momentos.

Los antiguos egipcios consideraban a Sirius como la estrella más importante del cielo, siendo venerada como Sothis y considerándola como una manifestación cósmica de Isis, la Gran Diosa Madre de la Mitología Egipcia.

Los egipcios conocían que había un día que Sirio precedía al Sol en su salida sobre el horizonte (nacimiento u ocaso heliaco de Sirio) después de una ausencia de setenta días en los cielos nocturnos, marcando así un momento trascendental, la época de las inundaciones del rio Nilo, y con ello la fertilidad y la abundancia de la cosecha y su relación con la Gran Madre Isis.

Hace 5000 años, este fenómeno se producía durante el solsticio de verano, que se celebraba el día 21 de junio en el Hemisferio Norte, En nuestra época, este suceso acaece alrededor del 1 de agosto, debiéndose este cambio al lento desplazamiento aparente de las estrellas.

Entre los siglos VIII y XII de nuestra Era, la estrella Sirio aparecía en el cielo el 22 de julio, durante la canícula de verano.

La figura de la Gran Diosa ha sido duramente reprimida por la Iglesia Católica, volviendo a resurgir en diversas formas, pero sobre todo en la figura de María, como representante de divinidad femenina,dividida en las imágenes de la Virgen María y de María de Magdala.

La Virgen María es reconocida por los padres de la Iglesia Católica como la "segunda Eva", quien ha superado el pecado original de la primera Eva del Génesis, es decir el sexo; Y el pecado recae sobre la "prostituta arrepentida", es decir sobre Magdalena, así en el año 591 el Papa Gregorio el Grande , fue el primero en sugerir tal extremo, a partir del Evangelio de Lucas y no fue hasta 1969, cuando el Papa Pablo VI retira del calendario litúrgico el adjetivo de "penitente", dejando la Iglesia Católica de considerar a Magdalena como una prostituta arrepentida., aunque este apelativo ha quedado arraigado en la mente de muchos.

Pero, curiosamente durante los siglos X,XI y XII, época en la que el nacimiento u ocaso heliaco de Sirio se producía el día 22 de julio, la esencia de Nuestra Señora reaparece en las catedrales, en el arte, en las leyendas, coincidiendo también con la aparición de las Vírgenes Negras y con el Santo Grial.

Su presencia es velada y oculta como Sirio, la estrella azul, preparada para reaparecer en el horizonte y prepararnos para renacer. Magdalena siempre lleva asociado a su imagen, entre otros símbolos, la calavera, que nos recuerda a la muerte, la muerte iniciática , la muerte que lleva a la vida.

Así, en el Evangelio de María Magdalena, vemos una especial enseñanza espirituale de la más pura elevación interior, verdadero camino para la evolución espiritual y el despertar crístico.

Y así, casualmente, y no creo en las casualidades, la Iglesia elige el día 22 de julio para celebrar la festividad de Nuestra Señora, en la época que la estrella Sirio se elevaba en el horizonte, renaciendo a la vida.

 
 
 
 



Hoy día de Nuestra Señora María Magdalena, Apóstol de los Apóstoles y primer testigo de la Resurrección de Nuestro Señor, en homenaje a aquellos Hombres Buenos,


 
Alabemos su grandeza, Pues nos ha preparado para ser plenamente hombres.
Dicho esto, Mariam convirtió sus corazones al Bien y se iluminaron comentando las palabras del Maestro.
(Evangelio de Maria)


 


miércoles, 15 de julio de 2015

SIMBOLO DEL AGUILA

"El águila mira muy de frente al Sol sin temor, tal como el hombre contempla el resplandor eterno si su corazón es puro".



El símbolo del Aguila Bicefala, tiene su origen en Sumeria y en Babilonia, considerado como símbolo de poder durante más de 2000 años antes de la construcción del Templo de Salomón, también se utiliza en Persia (como insignia de sus reyes), en Egipto (como ave sagrada dedicada al Sol), en Grecia (como emblema de Zeus), en Roma (asociada Jupiter y emblema de algunas legiones romanas) y entre los Druidas como el símbolo del Dios Supremo.

Parece ser que este símbolo se adopta en la Edad Media por los turcos seljucidas, quienes lo transmiten a los cristianos en la época de las Cruzadas, para llegar posteriormente a las armas imperiales de los Habsburgo (Austria) y de los Romanoff (Rusia).

El Aguila es el símbolo de San Juan Evangelista, si bien no hay que confundir el Aguila de San Juan con el Aguila Bicéfala; El águila, es considerada en diversas tradiciones de la Antiguedad, como el rey de las aves, símbolo universal de la maestria del vuelo, de las alturas, del aire y del poder dominador resultante de ello. Es un ave de vida solitaria, representando así la fuerza de la independencia. Es capaz de elevarse más allá de las nubes y de mirar directamente al Sol, representando la percerción directa de la Luz, la Iluminación. Así, el águila es el símbolo del hombre sabio que mediante el empleo de la audacia, la investigación y el ingenio es capaz de contemplar la deslumbrante luz de la Verdad sin el temor que el conocimiento de ésta inspira a los mediocres. "levanta el vuelo muy alto y trasciende las densas tinieblas de la tierra y contempla de hito en hito, sin pestañear, la luz de la verdad".

El Evangelio de San Juan se inicia con el reconocimiento del Logos, de la Palabra, de la Luz; San Juan Evangelista simboliza el esoterismo cristiano, mientras que San Pedro y San Juan Bautista lo son del exoterismo; San Juan Evangelista anuncia la llegada del Mesias, es el Discipulo preferido de Jesús y su Evangelio es el más místico de los cuatro, nos presenta a Jesús no en su dimensión humana, sino en su dimensión divina y mesiánica.

En los bestiarios medievales el águila es el símbolo de la renovación del hombre por el bautismo, basándose en antiguas leyendas según las cuales cuando el águila envejece se remonta para tonificarse con el calor del sol y sosteniendo el vuelo a gran altura, busca con su agudeza visual algún manantial de cristalina agua sobre el que desciende y se baña tres veces en sus aguas para recuperar de nuevo su juventud.

El símbolo del Aguila de dos cabezas (Bicéfala), es considerado desde la Antiguedad, como el símbolo del poder supremo, que expresa la culminación del signo del águila como si se duplicase en importancia, representaría la autoridad mas regia, soberanía imperial, rey de reyes, divinidad, es decir toda potestad duplicada en importancia.

El Aguila bicéfala, con sus dos cabezas, una dirigida al Oriente y la otra Occidente, como protector de los peregrinos que pudieran acercarse por ambas direcciones; también y recordando la imagen de Jano con sus dos cabezas dirigidas hacia el pasado y hacia el futuro, recordándonos que el presente es una fina línea entre las dos eternidades.

Las alas desplegadas,   podrían representar la búsqueda constante de la Verdad de cuyo conocimiento se encuentra tan necesitado el hombre y la Humanidad, simbolizando así el vuelo del espíritu hacia las regiones superiores.

El águila es por tanto el símbolo de la elevación y  de la Espiritualidad, de la Sabiduría y del Conocimiento Espiritual.

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jueves, 2 de julio de 2015

LA MANIPULACION



Etimológicamente, la palabra manipulación deriva del vocablo latino manipulus, que se refiere a aquel comando militar que era "manipulado" o dirigido por un mando determinado.

Manipulación se refiere al ejercicio velado, sinuoso y abusivo del poder, en cualquier relación social o campo de la actividad humana.

Por ejemplo, en las organizaciones pseudoiniciáticas, nos podemos encontrar que la parte dominante se impone, a través de distintos mecanismos a otras que carecen de control, conciencia y conocimiento sobre las verdaderas condiciones de la situación en que se encuentran, a los "dominados" se les puede hacer creer importantes porque uno de los mecanismos de dominación es precisamente ese, el hacer creer a la víctima que es diferente, que tiene dones especiales que los demás carecen, que es depositario de una confianza especial del lider, incluso haciendo confidencias personales, espirituales o de cualquier otra índole. Se puede llegar incluso a hacer nombramientos, reconocimientos especiales, regalos de insignias, etc., todo vale... A cada uno de los miembros, se le dice aquello que quiere oir en el momento preciso, aquello que le va a dar mayor valor a su creencia, y que le va a proporcionar, en muchos casos, una mayor dosis de egolatria, o mejor dicho a ayudarle a hacerle sentir un poquito menos desdichado, y con el convencimiento de que su dedicación y su trabajo es imprescindible, incluso, para la "salvación del mundo".

Si los "manipulados" sospecharan previamente las consecuencias que se les podría avecinar, hay que recordar que toda acción de este tipo siempre tiene consecuencias reales, no podrían analizarlas ni impedirlas, porque el "manipulador" ya ha juzgado con antelación mediante insinuaciones o simulaciones sin que la víctima se entere, cualquier reacción al respecto. El manipulador ha barajado todas las posibilidades porque conoce bien a sus victimas y sabe previamente como hacer frente a cualquier contratiempo que pudiera presentarse.

El hecho de fabricar impresiones de la realidad, que escondan tretas y montajes para engatusar a todos aquellos que, como no son conscientes de estos engaños, no van a ofrecer ningún tipo de resistencia. Los manipulados viven y padecen las ilusiones que el manipulador les ha creado en su mente como una realidad virtual, y todo vale, especialmente las injurias y las calumnias.

El manipulador o dominador encubre la naturaleza de los motivos, de los medios y de los fines que rigen sus acciones, su principal objetivo es que los manipulados no ofrezcan resistencia, son reducidos al papel de ingenuos, crédulos y moldables, sufriendo pérdida sustancial de sus capacidades para un ejercicio libre de sus actos.

Por su comportamiento incauto, los afectados por la manipulación sufren pérdida sustancial de sus capacidades para un ejercicio cabal de la acción racional, puesto que quedan inhabilitados para deliberar, decidir o elegir el curso de acción que más les conviene. Tampoco están en condiciones de negociar, evadir, resistir o liberarse de la relación de poder. Solo se pierde la nefasta influencia del manipulador, cuando se toma consciencia de la manipulación a la que se ha sido sometido. Ante el desenmascaramiento, el manipulador intentara, mediante todo lo que este a su alcance, sin ética, sin escrúpulos y eso si, desde la sombra, evitar la transparencia. Así, el manipulador carece de responsabilidad, pues utilizará a sus súbditos, a los que todavía permanecen en la ignorancia, como los ejecutores de cualquier acción o artimaña para intentar hacer daño al que ha conseguido liberarse y evitar así que la verdad salga a la luz.

Partiendo del Teorema de Thomas, sociologo norteamericano, que dice: "si una masa o pluralidad de individuos define como real una situación, ésta es real en sus consecuencias", el manipulador puede fácilmente dirigir a su grupo hacia la inclinación de una idea, pensamiento, emoción y conducta en la dirección a la que el manipulador desea, siempre provocadas artificilmente, produciendo los resultados previstos, confundiendo la realidad con la ficción y la manipulación con la persuasión.

Los manipulados se ven inmersos entonces en su realidad, diseñada por el manipulador, y dentro de esta realidad creen que estan tomando sus propias decisiones, aunque estas decisiones hayan sido diseñadas para mantenerlos atrapados en el grupo, se sentiran orgullosos de esta pertenencia, se sentiran libres y elegidos, incluso con la prepotencia de todo aquel, que sin ser, se cree que es.

jueves, 11 de junio de 2015

FRATERNIDAD

 


Se define Fraternidad como la unión y buena relación recíproca entre hermanos o entre los que se tratan como tales.

En las sociedades iniciáticas, se habla mucho de Fraternidad, y quizas deberíamos hacer un poco de examen autocritico y aprender a hacer uso de ella cuando realmente el sentimiento de verdadera Hermandad, sea el sentimiento verdadero, el que lo rige, y no la costumbre o las formas asumidas, porque si observamos lo que vemos, la pregunta que surge es ¿dónde está la Fraternidad?, así sucede tristemente que, esto se convierte en la causa de desilusión y de pérdida de confianza sobre la veracidad de este ideal entre muchos de sus miembros.

No existe la verdadera Fraternidad, sino hay respeto hacia los hermanos, empezando por uno mismo y haciéndolo extensible a toda la Humanidad.

La Fraternidad es una verdadera manifestación de Amor, y el Amor se dá, no se exige, no se impone, no valen los intereses partidistas, aunque se justifiquen que es por el bien común, no es verdad. Ser fraterno no es utilizar al hermano, como si de titere se tratara.

Todos tenemos dones y carencias y nadie es más que nadie en el Camino del Conocimiento, todos somos compañeros de Camino, aprendices eternos que caminamos juntos por un sendero elegido libremente, que debemos ayudarnos en este peregrinar, pero nunca mediante el engaño o la utilización de los sanos sentimientos, no eso no es Fraternidad, eso se podría definir de otras maneras profanas.

La Fraternidad se siente y es un acto interior de cada uno, que se refleja en el exterior mediante nuestras acciones y nuestros actos, no mediante palabras huecas.

Que cada cual, a su manera, y según sus posibilidades, vaya haciendo su Camino, en su búsqueda espiritual, que poco a poco vaya superando su egoísmo y su ignorancia, reconociendo su verdadera naturaleza, manifestación del Espíritu Divino que vive en todos los seres, reconociendo así sus deberes consigo mismo y con sus semejantes. Este es el camino por medio del cual debemos  empezar a aprender a vivir la Fraternidad.

La verdadera Fraternidad es un lazo indestructible que nos une con nuestros semejantes, sin implicar ninguna condición y libre de prejuicios.

El lema de la Revolución Francesa, era Libertad, Igualdad y Fraternidad, y no se puede hablar de Igualdad si no se es fraterno y no se puede hablar de Libertad sin Fraternidad.

Fraternidad es aprender sobre nuestra propia naturaleza, conocernos a nosotros mismos, a través del conocimiento de nuestros semejantes.

Fraternidad es dominar nuestra palabra y evitar la intriga y la calumnia; porque la intriga y la calumnia no son amor fraternal sino odio y desconfianza.

Fraternidad es dar, sin esperar recibir nada a cambio.

El Amor Fraterno implica reconocer la individualidad de cada uno, somos personas únicas e irrepetibles pero iguales en dignidad y derechos; iguales ante Dios. No podemos construir Fraternidad a partir del individualismo.
 

Ser fraternales nos exige renunciar al egocentrismo, y así lo manifiestó el Papa Francisco en la Jornada Mundial por la Paz: "Un auténtico espíritu de Fraternidad vence el egoísmo individual que impide que las personas puedan vivir en libertad y armonía entre sí".