Para vivir verdaderamente es necesario renacer, para renacer es imprescindible "morir" y para "morir" es imprescindible DESPERTAR". G.I. Gurdjieff

jueves, 11 de mayo de 2017

LOS NUEVE DESCONOCIDOS DE ASHOKA

Existe en la India una leyenda muy extendida acerca de una organización secreta que supuestamente poseería una inmensa cantidad de avanzados conocimientos en su poder. Se cree que la sociedad de los Nueve Desconocidos habría sido fundada hace más de dos mil años, y se sospecha a menudo que podrían haber manipulado las tendencias sociales y políticas a lo largo de los siglos para alcanzar sus metas personales. Pero esta organización tan secreta, ¿es una realidad o una mera leyenda?

La leyenda original

La sociedad de los Nueve Desconocidos fue fundada por el emperador Ashoka poco después del 226 a. C. Ashoka era nieto del legendario emperador que unificó el subcontinente indio, Chandragupta, y estaba ansioso por defender el legado de su abuelo y conservar su imperio. En la región comprendida entre Calcuta y Madrás, los Kalinga se rebelaron contra el poder imperial, lo que condujo a una guerra sin cuartel. Se cuenta que el ejército de Ashoka, muy superior en número, habría dado muerte a 100.000 guerreros Kalinga y deportado a más de 150.000 habitantes de la región. Pero a pesar de haber ganado la guerra, Ashoka estaba horrorizado por la matanza que había ocasionado su victoria. Desde entonces, juró renunciar para siempre a la violencia.

El emperador Ashoka es conocido principalmente por su conversión al budismo y sus esfuerzos por extender esta religión pacifista por la India, Malasia, Ceilán e Indonesia. Su labor contribuyó al posterior auge del budismo en China, Nepal, Tíbet y Mongolia. Ashoka era un vegetariano declarado, pero no obligaba a los demás a imitarle. De hecho, era increíblemente tolerante con las demás sectas religiosas. Sí prohibió, sin embargo, el consumo de alcohol. 


Lo que es aún más importante es que “renunció a la idea de intentar integrar a los pueblos rebeldes, declarando que la única conquista verdadera consistía en conquistar los corazones de los hombres observando las leyes del deber y la piedad, ya que su Sagrada Majestad deseaba que todas las criaturas vivientes disfrutaran de seguridad, paz y felicidad, y fuesen libres de vivir como gustasen” (Pauwels y Bergier). Tan fuerte era el compromiso del emperador con esta misión que buscó impedir que sus súbditos enfocaran sus inteligencias en perpetrar malas acciones, particularmente aquellas relacionadas con la guerra. La tarea de recopilar, conservar y asimilar todos los conocimientos era demasiado grandiosa para un solo emperador, más aún a causa del resto de compromisos que requería gobernar un imperio. De modo que Ashoka hizo llamar a nueve de las mentes más brillantes de la India de la época. Por razones de seguridad, nunca se hizo pública la identidad de estos hombres. Unidos, estos genios formaron una sociedad secreta que acabaría siendo conocida como los Nueve Desconocidos.

La nueva organización se dispuso a recopilar todos los conocimientos científicos posibles, desde ciencias naturales a psicología, pasando por la composición de la materia. Temiendo que si el hombre de a pie recibía conocimientos científicos los emplearía para la destrucción, sólo a los Nueve Desconocidos se les permitió estudiar y desarrollar teorías científicas y tecnología. Para cumplir más eficazmente esta abrumadora tarea, se encargó a cada uno de los nueve un libro específico que deberían revisar y actualizar hasta finalmente perfeccionar su contenido. Cuando uno de los nueve no podía llevar su labor a buen término –ya fuera por su deseo de retirarse, salud delicada o muerte– esta obligación era transmitida a un nuevo sucesor elegido para ello. El número de miembros de esta sociedad siempre debía ser nueve. Así ha sido como la hermandad de los Nueve Desconocidos habría perdurado supuestamente durante más de 2.000 años.

El libro de 1923

Las conjeturas y especulaciones sobre el contenido de cada uno de estos nueve libros son muy diversas. Talbot Mundy, un escritor inglés, publicó en 1923 un libro titulado The Nine Unknown Men (‘Los Nueve Desconocidos’), que contenía una lista de los nueve libros de la secta. Esta lista ha acabado por ser aceptada de forma más o menos generalizada por los estudiosos de esta sociedad secreta:

1. Propaganda: El primer libro trataba sobre las técnicas de propaganda y guerra psicológica. “La ciencia más peligrosa de todas es la que permite moldear la opinión de las masas, ya que puede permitir a cualquiera gobernar el mundo entero,” en palabras de Mundy.

2. Fisiología: El segundo libro hablaba de fisiología, explicando cómo matar a una persona con un simple toque (conocido como el ‘toque de la muerte’) mediante la simple inversión de un impulso nervioso. Se rumorea que el arte marcial del Judo es el resultado de “filtraciones” de este segundo libro.

3. Microbiología: El tercer volumen se centraba en microbiología y biotecnología.

4. Alquimia: El cuarto versaba sobre alquimia y la transmutación de los metales. Según cierta leyenda, en épocas de sequías prolongadas, los templos y organizaciones religiosas más relevantes recibían grandes cantidades de oro cuya procedencia se mantenía en secreto.

5. Comunicación: El quinto libro incluía el estudio de todos los medios de comunicación, tanto terrestre como extraterrestre, lo que implicaría por tanto que los Nueve Desconocidos estaban al corriente de la presencia alienígena en la Tierra.

6. Gravedad: El sexto libro estaba centrado en los secretos de la gravitación, y daba instrucciones reales para construir los antiguos Vimana védicos (como el Vaimānika Shāstra, antigua tecnología aeroespacial).

7. Cosmogonía: El séptimo trataba sobre cosmogonía y cuestiones relacionadas con el Universo.

8. Luz: El octavo era un estudio sobre la luz, en concreto de su velocidad y de cómo utilizarla como arma.

9. Sociología: El noveno y último libro hablaba de sociología. Incluía normas para la evolución de las sociedades y los medios para prever su decadencia.” (Mundy parafraseado por Ancient Explorers)

¿Mito o realidad?


¿Es auténtica la leyenda de los Nueve Desconocidos? Ashoka podría muy bien haber pedido a nueve sabios de identidad desconocida acumular conocimientos científicos, concretamente con vistas a su aplicación en la guerra. Fue aquélla una época muy agitada, y se sabe que otros emperadores habían emprendido iniciativas similares. Los Nueve Desconocidos habrían explorado las tácticas de batalla, métodos de entrenamiento y tecnologías de diversos imperios: armas, manufacturas, monta de caballos y elefantes, e incluso uso de la pólvora. No obstante, resulta difícil creer en la existencia de un antiguo grupo de nueve personas que hubiera vivido en secreto durante más de 2.000 años controlando los acontecimientos a nivel mundial desde las remotas junglas de la India sin saber nada de los modernos aparatos, tecnología e infraestructura. Para muchos, esta leyenda no es más que precisamente eso: una simple leyenda.


Autor: Kerry Sullivan

Publicado originalmente en www.ancient-origins.net y ha sido traducido con permiso

Fuentes:
Ancient Explorers Staff. ‘India's Ancient Illuminati: The Nine Unknown Men.’ Ancient Explorers. Disponible en: http://ancientexplorers.com/blog/indias-ancient-illuminati-nine-unknown-men/

Baidya, Sankalan. ‘20 Interesting The Nine Unknown Men.’ Facts Legend, 10 Apr. 2015. Disponible en: http://factslegend.org/20-interesting-the-nine-unknown-men-facts/

Louis Pauwels y Jacques Bergier. ‘The Nine Unknown Men - Sub-Figura Vel Liber Caeruleus.’ Extractos de ‘The Dawn of Magic’, Bibliotecapleyades. Disponible en: http://www.bibliotecapleyades.net/bb/bluebook001.htm

Swancer, Brent. ‘The Mystery of the Nine Unknown Men.’ Mysterious Universe, 10 Nov. 2015. Disponible en: http://mysteriousuniverse.org/2015/11/the-mystery-of-the-nine-unknown-men/

domingo, 23 de abril de 2017

SAN JORGE Y EL DRAGÓN: la leyenda de Jorge de Capadocia



FUENTE:http://www.ancient-origins.es/noticias-general-mitos-leyendas-europa/san-jorge-el-drag%C3%B3n-la-leyenda-jorge-capadocia-003398?nopaging=1


Durante el medievo europeo, concretamente en pleno siglo IX, surgió en Occidente la historia de San Jorge a caballo, victorioso tras derrotar a un dragón. Un relato que, probablemente, sea el origen de numerosos cuentos de hadas sobre princesas y dragones. Pero, ¿qué realidades se ocultan tras esta mítica narración? Jorge de Capadocia, una vida de leyenda.


Según narra la tradición, un joven romano de nombre Jorge, nacido en la antigua Capadocia (actual Turquía) entre los años 275 y 280 de nuestra era, tras morir su padre Geroncio, oficial del ejército romano, se trasladó junto a su madre Policromía hasta la ciudad natal materna: Lida, la actual Lod de Israel. Una vez allí, Policromía educaría a su hijo en la fe cristiana.


Jorge, tras cumplir la mayoría de edad, decidió seguir los pasos de su difunto padre y se enroló en el ejército, donde no tardó en ascender hasta el punto que antes de cumplir los 30 años, fue nombrado tribuno, siendo destinado a Nicomedia (actual Izmit) como guarda personal del emperador Diocleciano.


En el año 303, el emperador decretó un edicto que autorizaba la persecución de los cristianos. Jorge, que recibió órdenes de participar en esta persecución, confesó que él también era cristiano, por lo que Diocleciano ordenó que le torturaran y, finalmente, que fuese ejecutado.


Tras ser decapitado frente a las murallas de Nicomedia el 23 de abril del año 303, el cuerpo de Jorge fue enviado a Lida para ser enterrado.


Aunque lo expuesto hasta ahora no constituye un relato exactamente histórico, sí es cierto que su veneración como mártir comenzó relativamente pronto. Tanto es así que, durante el siglo IV, dicha veneración se extendió desde Palestina al resto del Imperio Romano de Oriente para, más tarde, en pleno siglo V, popularizarse en las regiones más occidentales del imperio. De hecho, existen datos proporcionados por los relatos de diversos peregrinos cristianos de la construcción de una iglesia en su honor durante el reinado de Constantino I en Diospolis, la antigua Lida. A su vez, hacia los años 518-530, el archidiácono y bibliotecario Teodosio afirmaba que Diospolis era el centro del culto a Jorge. Un peregrino anónimo de Piacenza mencionaba este mismo hecho hacia el año 570.
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Tímpano normando en el que aparece San Jorge rescatando a unos cruzados en el sitio de Antioquía del año 1097. Parroquia de San Jorge de Fordington, Dorset, Inglaterra. (Public Domain)


La iglesia habría sido destruida en el año 1010 y reconstruida por los cruzados. Posteriormente, durante la Tercera Cruzada habría sido destruida de nuevo por los hombres de Saladino en el año 1191. Varios siglos después, en 1872, una nueva iglesia fue erigida y aún se mantiene en pie.


En el año 494, Jorge de Capadocia fue canonizado por el papa Gelasio I, lo que motivó la creación de diversas historias apócrifas sobre su vida, varias de ellas llenas de milagros. El texto más antiguo sobre su vida que ha llegado hasta nosotros se encuentra en el Acta Sanctorum. Asimismo, hacia finales del siglo VI, el abad irlandés Adomanis de la abadía de la isla de Iona dio a conocer algunas de las leyendas orientales de Jorge reunidas por el obispo galo Arkulf en su peregrinación a Tierra Santa del año 680. Además, durante los comienzos del Islam, a Jorge de Capadocia se le identificó —a través del sincretismo religioso y cultural— con el profeta judío Elías, el predicador judío samaritano Phineas y el santo islámico al-Jadir, dando lugar a una figura religiosa que todavía es venerada en Oriente Próximo.



San Jorge y el dragón
Fue en el siglo IX cuando surgió la historia de San Jorge a caballo venciendo a un dragón. Dicha historia conforma el más que probable origen de todos los cuentos de hadas occidentales sobre princesas y dragones.


Se trata de una leyenda que se narra en diversas regiones de Europa y Asia menor como propia. Incluso nos la podemos encontrar en Japón, aunque, claro está, los detalles varían según las tradiciones locales.


La leyenda medieval comienza con un dragón que decide anidar en la fuente que provee de agua a una ciudad que, según una tradición cristiana ortodoxa, sería Beirut, capital del Líbano, de la que San Jorge es santo patrón. Los ciudadanos ofrecían al dragón, diariamente, un sacrificio humano que se decidía al azar entre todos los habitantes del lugar. Sólo de ese modo el dragón les permitía recoger el agua necesaria. Un día resultó seleccionada la princesa local.
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San Jorge mata al dragón, manuscrito medieval georgiano. (Public Domain)


En algunas versiones aparece el rey pidiendo por la vida de su hija, pero sin éxito. De esta forma, cuando estaba a punto de ser devorada por el dragón, apareció Jorge que se hallaba de paso por la comarca en uno de sus muchos viajes, se enfrentó con el dragón, lo mató y salvó a la princesa. Entonces, los agradecidos ciudadanos abandonaron el paganismo y abrazaron el cristianismo.


Según una antigua interpretación cristiana del mito, Jorge personificaría a los creyentes, su caballo a la Iglesia, y el dragón representaría al paganismo, la idolatría, la tentación y Satanás. Sin embargo, según muchos historiadores laicos, la leyenda tendría raíces más antiguas que las cristianas. Para ellos, el dios Sabacio, padre celestial de los frigios, vendría a ser uno de sus principales antecesores: en su imagen a caballo, arrollando a una serpiente, estaría el origen de la popular imagen de San Jorge sobre un caballo blanco. Además, la historia de San Jorge y el dragón también presenta numerosos elementos comunes con el mito griego de Andrómeda y su salvador y posterior esposo Perseo, vencedor de la Gorgona Medusa. En todo caso, sean cuales sean sus orígenes, lo que sí es un hecho demostrable es que en el Reino Franco Merovingio, hacia el siglo VI, ya se veneraba a Jorge de Capadocia, aunque no sería hasta la Alta Edad Media, con sus caballeros y cruzadas, cuando su culto se extendería por Europa.




Perseo liberando a Andrómeda, óleo de Joachim Wtewael (1566-1638), Museo del Louvre.
El mito de Perseo presenta numerosos elementos comunes con el de San Jorge y el dragón. (Public Domain)


De hecho, San Jorge se convirtió en patrón de los caballeros y soldados, además de ser considerado el santo protector de algunas órdenes religiosas militares, como la Orden Teutónica o la de los Caballeros Templarios. Hacia el siglo XII, la leyenda empezó a extenderse por toda Europa. Uno de los principales responsables de dicha difusión fue Santiago de la Vorágine, arzobispo de Génova, quien a mediados del siglo XIII escribió la Legenda Sanctorum, una colección de fábulas sobre distintos santos en la que la historia de Jorge de Capadocia destacaba entre otras. El libro, por el valor que tenía a ojos de los lectores, acabó siendo conocido como Legenda aurea o Leyenda dorada. La información contenida en sus 177 capítulos (algunas versiones presentan 182), se considera falsa en la actualidad, pero de notable valor por su gran influencia en la literatura y la pintura de Europa Occidental. De este modo, durante los últimos siglos de la Edad Media, San Jorge se convirtió en patrón de ciudades, aldeas y casas nobles. También llegó a ser el primero de los catorce santos protectores de los animales domésticos.
Tumba de San Jorge en Lod, Israel. (Public Domain)


Autor: Mariló T. A.
Fuentes:
Millà i Reig, Lluís (1982). Sant Jordi Patró de Catalunya (en catalán). Barcelona: Editorial Millà.
El patró Sant Jordi: història, llegenda i art (1996), (en catalán). Barcelona: Generalitat de Catalunya. Maroto Torres, Esteban.
Las leyendas de San Jorge. Editorial Planeta Cómic. Sant Jordi (http://santjordi.yaia.com/) San Jorge. Santopedia. (http://www.santopedia.com/santos/san-jorge)

martes, 18 de abril de 2017

SEMANA SANTA, LA INICIACIÓN CRISTIANA




Quizá sea Semana Santa el tiempo espiritualmente más importante de todo el año, de hecho todo el año cristiano podría considerarse como un tiempo preparatorio para estas fechas.
En España estamos acostumbrados a que la Semana Santa, nos evoca dolor, “huele a sangre” y la atención se recrea en el martirio, en el dolor de Cristo que sufre para la redención de la Humanidad.

-Mira como sufro por ti, por culpa de tus transgresiones-, sería el mensaje que parece transmitirse a lo largo de la semana, es el cultivo del sentimiento de culpa, una de las características más propias de la tradición católica, con las calles llenándose de carrozas con estatuas que nos narran una película centrada en la tortura de Cristo previa a su muerte. Una espiritualidad morbosa que solamente el catolicismo occidental recrea.

Pienso que la tradición tenebrista del catolicismo romano, le arrebata a la Semana Santa el mensaje de vida que debiera de ser el protagonista. El cristianismo de las iglesias reformadas no se regodea en ese aspecto sangriento de los acontecimientos que se narran.

Estamos en primavera, en navidad se nos anunció la luz que vendrá y que aun no veíamos, y esta se nos manifiesta en Semana Santa, la luz ya se percibe con intensidad, aunque aún estamos lejos del Pentecostés.

Tal y como lo entiendo, todo comienza con un drama cosmológico, con la separación del hombre de Dios y con ello la ruptura de su nexo con la fuente de la vida y el encuentro con la muerte, comienza el tiempo y el ser humano pierde la consciencia de su naturaleza divina y queda separado del resto de los mundos, invisibles para el ser humano.

La recuperación de esa consciencia, requiere un proceso de conversión por parte del ser humano, y de un acto de reintegración; de restauración, por parte de Dios.

A lo largo de los doce meses del año, el creyente recorre un sendero iniciático de conversión y renacimiento. El ser humano vive enajenado de sí mismo, la vida que vive está sometida a la finitud, de modo que vida es en realidad un estado agónico y enfermizo, solo en la inmortalidad está la vida.

Y es entonces cuando tiene sentido la frase del libro de Mateo, ”quien pierda la vida por mí, la hallará” , pues uno comienza a encontrar el sendero de la vida, cuando se percata de que su existencia no es vida sino muerte.
El sentido de la existencia para un creyente entonces, es el entronque con la Eternidad. Y ese entronque o recuperación de la consciencia de si mismo como ser eterno, pasa necesariamente por la propia renuncia a su vida, pero entendiendo la vida como la renuncia a considerar que la existencia ordinaria es vida.

Pasar del encuentro con la muerte, el acontecimiento que queda señalado con Adán y Eva, a la reintegración a la vida, a la eternidad y el fin de la muerte, que queda narrado en el sacrificio de Cristo, el último sacrificio conmemorativo de la promesa de reintegración.

Con la Resurrección de Cristo, el ser humano queda ligado a Dios y reintegrado a la Eternidad.

En el Icono oriental de la resurrección de Cristo, éste baja a los infiernos, al mundo de los muertos, para tomar de la mano a Adán y a Eva y de este modo, la vida vuelve a tomar contacto con los primeros padres y estos recuperan su inmortalidad, y a partir de ellos el resto de los humanos se reintegra también a la eternidad. La muerte ha sido dejada atrás y el mundo de los muertos es un mundo de vida.

Prefiero centrar mi atención durante Semana Santa no en la muerte de Cristo, sino en su Resurrección, pues la Resurrección de Cristo es el renacimiento del creyente a una nueva consciencia si mismo, ligada a lo eterno.

La primera Luna Llena de primavera señala el inicio de la Semana Santa en Occidente. Y por supuesto no quiero saber nada de “la Pasión”, un regodeo sádico e innecesario en el dolor, que no aporta nada espiritualmente.

Vivimos en una sociedad culturalmente cristiana, aunque la inmensa mayoría de la gente, incluso muchos que se consideran cristianos no lo sean “de hecho”.

El año para el cristianismo está dividido en etapas, y cada una de ellas tiene un sentido concreto, que un creyente practicante conoce.
Pero en este momento a mi me interesa más una visión esotérica o simbólica de un acontecimiento cristiano, pero que es cristiano y universal, considerando las fechas en las que está ubicado.

En el Solsticio de verano, el cristianismo establece el nacimiento de Juan el Bautista, que precede a Cristo. En el Solsticio de Invierno, se celebra el nacimiento de Cristo, y simboliza la esperanza en la victoria de la luz sobre la oscuridad. ¿Y por qué esperanza?  Porque la oscuridad aun predomina, pero a partir de ese momento ya la luz comienza a ser cada vez mayor. Como el lucero de la aurora, que anuncia la llegada del día y la victoria del Sol en su ciclo diario, Cristo es así asimilado al lucero de la mañana, a Lucifer. Antes de que la palabra Lucifer se transformara erróneamente en uno de los nombres del Diablo.
Cristo en Navidad, desde un punto de vista esotérico, es el portador de la luz. En el equinoccio de primavera, es cuando realmente el Sol aparece victorioso y las sombras ya se disipan.

A la Semana Santa le encuentro cierta similitud con el sentido simbólico del tercer grado masónico, aunque por supuesto, llevando el evento cristiano a un sentido esotérico más profundo y tradicional.

La Semana Santa puede entenderse como proceso iniciático de masas, con un sentido espiritual exotérico y otro más esotérico.

El cristianismo ha dividido el año en una serie de etapas que componen en año litúrgico, existen diferencias con el cristianismo ortodoxo, pero me voy a ceñir al mundo occidental.

Es curioso observar como los grandes eventos van siempre precedidos de un tiempo previo.

Así el Adviento es un tiempo previo a Navidad; la Cuaresma es un tiempo previo a la Semana Santa; María es avisada de que será la madre de Cristo; San Juan Bautista precede a Cristo, etc.

Los grandes eventos siempre aparecen precedidos con un tiempo previo de Advertencia o de preparación.

Cada gran evento dentro del año litúrgico está relacionado con el anterior y forman entre todos una unidad, un discurso simbólico fragmentado a lo largo del año.

De modo que el año litúrgico cristiano se convierte en un sistema iniciático exoterizado pero no manifestado. Accesible pero velado, oculto a la vista de todos.

Una iniciación, como su propio nombre indica, es una introducción simbólica que intenta afectar al ánimo del iniciando transmitiéndole una información velada por la alegoría.

La iniciación y aquí es en donde se produce quizá lo más original del cristianismo, es un evento que se desarrolla dentro de una comunidad, es una comunidad humana ligada a una tradición, la que transmite a través de una ceremonia de ruptura, la información que el nuevo miembro de esa comunidad va a necesitar para progresar en aquello que da sentido a la comunidad.

Lo original del cristianismo, es que no existe una ceremonia específica de iniciación, pero la información iniciática está presente y transmitida en los distintos eventos de su propia tradición.

El cristianismo y su enseñanza esotérica, es así una tradición iniciática exoterizada.

La Semana Santa puede coincidir en fechas con tradiciones paganas, pero solo coincide en las fechas y debido al simbolismo equinoccial, mas posee su propia singularidad que se entiende mejor cuando no la consideramos un evento aislado dentro de los doce meses del año.

Las Anunciaciones establecen nexos entre los distintos acontecimientos, la Anunciación a María establece una conexión con la Navidad, como el inicio del fin de la separación entre Dios y el hombre, la restauración de la ruptura cósmica.
En Navidad tenemos la anunciación de la próxima victoria de la Luz, nos anticipa, nos prepara, nos predispone para el encuentro.

Pero la Luz es aun una llama débil sin fuerza, y sin embargo desea crecer y se pone en marcha. Es una llamada a la acción, para poner en marcha el acto de voluntad de cara a ese encuentro por parte de la humanidad, que se inicia por parte de Dios cuando éste anuncia a María que ella será su instrumento de restauración.

De modo que en Navidad, ambas voluntades se ponen en acción para reconstituir lo separado, y ese restablecimiento se lleva cabo a través del Espíritu Santo o forma de manifestación de Dios y el ser humano a partir de la entrada en la historia de Cristo. Es el momento en que se esboza la Trinidad.

Desde una perspectiva iniciática, es el momento en el que la persona manifiesta su voluntad de acceder a los Misterios. Es la voluntad puesta en acción.

Entre Navidad y Semana Santa hay un periodo ordinario que conduce a otro evento, la Cuaresma, un tiempo de conversión.
Es el momento de leer y reflexionar acerca de la lectura del Hijo Prodigo, que narra el reencuentro entre Dios y el hombre.

Esta historia es una historia de conversión, la voluntad toma consciencia de su situación y pone en macha su voluntad de restablecer el drama cósmico de la separación entre él y Dios.

En esta etapa, “lo vertical” o la influencia de lo divino que desciende y asciende está separada del plano “horizontal” o mundo denso en el que el ser humano habita y se desenvuelve. Ambos mundos o planos están separados.

Hay un dicho que quizá ya lo conozcáis y que viene a decir lo siguiente: El Símbolo se muestra pero no se explica.
Y no porque el objeto simbólico carezca de un sentido concreto, sino porque ese sentido debe de ser descubierto a través del esfuerzo del iniciado.

Lo que quiere decir, que el sentido se manifiesta según la capacidad de comprensión del iniciado, sus bases previas, sus inquietudes, etc.

Esto me recuerda el pasaje bíblico en el que Cristo, a la pregunta de sus discípulos acerca del porqué a las gentes le hablaba en parábolas, Cristo contesta que para que oyendo no entiendan.
Y sin embargo, nos acostumbramos a la expresión de “quien tenga oídos para oír que entienda
13:9 El que tiene oídos para oír, oiga.
13:10 Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas?
13:11 El respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado.
13:12 Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.
13:13 Por eso les hablo por parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden.13:14 De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dijo: De oído oiréis, y no entenderéis; Y viendo veréis, y no percibiréis. <
13:15 Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, Y con los oídos oyen pesadamente, Y han cerrado sus ojos; Para que no vean con los ojos, Y oigan con los oídos, Y con el corazón entiendan, Y se conviertan, Y yo los sane.
"A quien tiene” se le dará.  Esta pequeña frase tiene un sentido claramente iniciático, quien esté en condiciones de comprender comprenderá, y quien no…pues no. Y es que existe un aforismo hermético, que dice que cuando el alumno está preparado aparece el maestro.

Un maestro que no necesariamente es una persona. Es decir, que la enseñanza aparece y se percibe cuando se está preparado para comprenderla y no antes.

La frase de Cristo dice que a quien no tiene se le será quitado, y tiene sentido si consideramos que quien no está en condiciones de saber, entrará en el error si considera que ha comprendido la enseñanza.

Y se alejará de su sentido como quien se equivoca de carril en una carretera y se va alejando de su destino final. Vayamos al Evangelio llamado “gnóstico” de Tomás, y veremos una visión más mistérica del mensaje cristiano, en donde el requisito de estar en condiciones de comprender, es algo a lo que se alude constantemente.

Es una de las características de cualquier sistema iniciático, no su carácter elitista, pues el elitismo es la selección de un grupo concreto de gente; aunque sea simplificar mucho la definición, el elitismo es aristocrático, es crear un grupo selecto y privilegiado.

Mientras que el método iniciático es universal, abierto a todo el mundo que lo pueda entender o sentirse llamado a él por alguna afinidad que le hace suponer que en él encontrará lo que en su “ser interno” anhela.  Una cuestión de afinidad.

Digamos que los apóstoles de Cristo, el grupo de doce privilegiados forman parte de una élite pero no el resto, que serían seguidores por afinidad, por encontrar sentido en su discurso.

10:3 A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre, y las saca.

10:4 Y cuando ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. (Libro de Juan, Nuevo Testamento)

El método iniciático de este modo, busca a aquellos que sean capaces comprender sin precisar explicación. Los libros que componen el Nuevo Testamento está lleno de alusiones a la función selectiva del mensaje espiritual.
Sencillo para los sencillos y complejo para aquellos que quieren profundizar. Pongamos este fragmento del libro de Marcos del N.T.

10:17 Al salir él para seguir su camino, vino uno corriendo, e hincando la rodilla delante de él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?

10:18 Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios.

10:19 Los mandamientos sabes: No adulteres. No mates. No hurtes. No digas falso testimonio. No defraudes. Honra a tu padre y a tu madre.

10:20 El entonces, respondiendo, le dijo: Maestro, todo esto lo he guardado desde mi juventud.

10:21 Entonces Jesús, mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz.

10:22 Pero él, afligido por esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones.

10:23 Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: ¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!

Este fragmento del N.T. se interpreta como las dificultades del apego a las cosas materiales a la hora de desarrollar una vivencia espiritual trascendente. Y es cierto, el “apego” es un obstáculo y sin embargo tiene un sentido desde el punto de vista iniciático que hay considerar.

Esta persona no tenía necesidad de nada más para proyectar su consciencia hacia Dios, sin embargo quería profundizar en el Misterio que Dios implica. Esa profundización requiere de una renuncia a los conceptos sencillos y tradicionales, útiles, correctos, pero que no permiten el acceso al conocimiento a través de la vía esotérica.

Ese conocimiento se alcanza a través de la muerte iniciática y tampoco es una garantía de obtenerlo.

“…Por iniciación se entiende generalmente un conjunto de ritos y enseñanzas orales que tienen como finalidad la modificación radical de la condición religiosa y social del sujeto iniciado.

Filosóficamente hablando, la iniciación equivale a una mutación ontológica del régimen existencial. Al final de las pruebas, goza el neófito de una vida totalmente diferente de la anterior a la iniciación…” (Iniciaciones Místicas de Mircea Eliade)

Por eso el personaje rico del texto evangélico citado arriba, ha de renunciar a lo que tiene, porque lo que tiene es un “no tener”. El fragmento de Marcos 10:17-23, hablando en términos iniciáticos no alude a posesiones materiales, sino a ideas, conceptos, creencias…

El ser humano ha buscado de múltiples formas resolver el drama de la separación entre él y el universo del que intuye forma parte.

Las Iglesias Cristianas celebran un holocausto para la redención del ser humano y resolver el problema que mantiene al ser humano separado de Dios. En clave judía es el último cordero sacrificado, y con ello el conflicto está resuelto.
Cristo es el hombre que se transforma en el hombre primordial o nuevo Adán. El creyente puede usar a Cristo como Maestro de su propia iniciación, y la muerte de Cristo y resurrección señala el momento en que resuelto el conflicto, el hombre se une Dios en unidad.

Cristo hace un papel similar al de un Psicopompo, guiando al neófito en un impulso de transformación, que extraiga del inconsciente a partir de una experiencia de muerte simbólica interiorización e identificación de la consciencia espiritual, identificada con los elementos arquetípicos de la espiritualidad trascendente, para un renacimiento ya no simbólico sino real.

La creencia en la resurrección de Cristo, hace que esta resurrección sea real si quien renace con él lo hace realmente en este sentido que he mencionado.

Porque de idéntica forma que ocurre en el tercer grado de la masonería, Hiram es quien canaliza, quien acompaña al masón en su proceso de muerte y resurrección.

El creyente cristiano tiene la oportunidad de transformarse en Cristo, el hombre perfecto, regresando al entorno del que partió antes de nacer. Poniendo su esperanza en el Reino de Dios, que podría considerarse como el regreso a la Edad Dorada, sin que requiera el establecimiento de ese reino en la Tierra, tal y como los judíos lo esperaban.

El Reino de Dios o Edad de Oro, queda unido al ser humano que se transforma en el hombre primordial. Y así, el mundo celestial y mundo terrenal, se unen a través de la transformación de la consciencia humana.

El plano vertical se une al horizontal transversalmente y lo que fue separado es así unido.

La Cruz une a la humanidad al eje del universo, (1) y la figura humana anclada a la cruz, eleva esa unión a la parte más elevada de ese eje.

77. Dijo Jesús: «Yo soy la luz que está sobre todos ellos. Yo soy el universo: el universo ha surgido de mí y ha llegado hasta mí. Partid un leño y allí estoy yo; levantad una piedra y allí me encontraréis» (Evangelio Gnóstico de Tomás)

(1) Buscar la simbología del árbol de universo.




Fuente Texto: Autor: Vicente Rocamora Blog: Taberna del Ganso
Imagen: Xto Resucitado de Utrera (Sevilla)

jueves, 29 de septiembre de 2016

URIEL, EL CUARTO ARCANGEL











El arcángel Uriel, patrón de los que buscan la sabiduría


Hoy día 29 de septiembre, es la festividad de los tres Arcángeles, Miguel, Gabriel y Rafael, pero en el Cristianismo Antigüo también se veneraba al Arcángel Uriel.

Sucedio en el hasta el año 745, durante el Concilio de Roma, que el papa Zacarías, prohibió su nombre e hizo también que se destruyeran sus imágenes en las iglesias de Roma. Parece ser que lo que pretendía este Papa era aclarar la enseñanza de la Iglesia sobre el tema de los ángeles y poner freno a una tendencia de hacia culto a los ángeles y a la obsesión por la intervención e idolatría angélica; borró el nombres de muchos ángeles ‘de la lista de los elegibles’ para su veneración en la Iglesia de Roma, entre ellos Uriel. Sólo el repeto de los arcángeles mencionados en el canon católico reconocido de las escrituras, Miguel, Gabriel y Rafael, fueron considerados lícitos.

A pesar de esta prohibición, el arcángel Uriel continuó presente en las mentes de los fieles. Aún se pueden encontrar imágenes del arcángel Uriel que datan del siglo 17 en iglesias de América del Sur.

La Iglesia Ortodoxa Oriental venera al arcángel Uriel y lo conmemora junto con los otros ángeles y arcángeles durante la "Synaxis del arcángel Miguel y los otros poderes" el 8 de noviembre. También la Iglesia Anglicana lo incluye entre los arcángeles. La Iglesia Copta, por haber conservado la Biblia Septuaginta, que contiene el Libro de Enoc, siempre ha venerado al arcángel Uriel.

En los evangelios apócrifos de la Biblia, Uriel ayuda a Juan el Bautista a sobrevivir la masacre ordenada por Herodes. Lo lleva junto con su madre a Egipto, y los reúne con la Sagrada Familia. En el Apocalipsis de Pedro es el Ángel del Arrepentimiento. En la tradición apocalíptica, Uriel tiene la llave del Infierno, que abrirá al Final de los Tiempos.

El judaísmo no reconoce oficialmente al arcángel Uriel, pero su nombre aparece en varios textos apócrifos y en las tradiciones místicas.

El arcángel Uriel aparece nombrado en el Libro de Enoc. Uriel intercede ante Dios por la humanidad, en relación a los ángeles caídos y sus hijos, los Nephilim. También advierte a Noé del diluvio.

Uriel también es mencionado en el Testamento de Salomón y en el Apocalipsis de Esdras, donde instruye al profeta Esdras sobre la verdad.

En Leyendas de los judíos, fue el ángel que dio nuevo nombre a Jacob. También guía a Abraham y marca las puertas de las casas de los hebreos en Egipto para protegerlos.

En el Libro de Adán y Eva, Uriel es el querubín que permanece junto a las puertas del Edén con una espada ardiente para evitar el acceso al árbol de la vida. También es uno de los ángeles que dio sepultura a Adán y a Abel, y es quien saca del Edén a Adán y Eva después de la caída. En las tradiciones místicas, Uriel es el ángel del domingo, ángel de la poesía, y uno de los Sephiroth sagrados.

El arcángel Uriel es el patrón de los que buscan eliminar la ignorancia. Protege a los maestros, líderes espirituales, sacerdotes, filósofos, rabinos, gurús, ministros y a todos los que aman la sabiduría espiritual.

Es el arcángel de la flama rubí. Fomenta el servicio divino y es el líder de los ángeles guardianes. Con su llama divina ayuda a esparcir la verdad y la sabiduría por el mundo.

Todas las cualidades del arcángel Uriel lo hacen el arcángel protector de la espiritualidad, la sabiduría y la devoción por la verdad. Junto con el Ángel de la Guarda, Uriel vela porque el camino del ser humano sea recto y su visión clara. Su llama enciende en el ser el deseo de servir en la misión de despertar la conciencia humana para lograr alcanzar la paz y la gloria de Dios.

viernes, 19 de febrero de 2016

La verdad...¿es la verdad?



El rey había entrado en un estado de honda reflexión durante los últimos días. Estaba pensativo y ausente. Se hacía muchas preguntas, entre otras por qué los seres humanos no eran mejores. Sin poder resolver este último interrogante, pidió que trajeran a su presencia a un ermitaño que moraba en un bosque cercano y que llevaba años dedicado a la meditación, habiendo cobrado fama de sabio y ecuánime.

Sólo porque se lo exigieron, el eremita abandonó la inmensa paz del bosque.

- Señor, ¿Qué deseas de mí? -preguntó ante el meditabundo monarca.

- He oído hablar mucho de ti -dijo el rey-. Sé que apenas hablas, que no gustas de honores ni placeres, que no haces diferencia entre un trozo de oro y uno de arcilla, pero todos dicen que eres un sabio.

- La gente dice, señor -repuso indiferente el ermitaño.

- A propósito de la gente quiero preguntarte -dijo el monarca-. ¿Cómo lograr que la gente sea mejor?

–Puedo decirte, señor -repuso el ermitaño-, que las leyes por sí mismas no bastan, en absoluto, para hacer mejor a la gente. El ser humano tiene que cultivar ciertas actitudes y practicar ciertos métodos para alcanzar la verdad de orden superior y la clara comprensión. Esa verdad de orden superior tiene, desde luego, muy poco que ver con la verdad ordinaria.

El rey se quedó dubitativo. Luego reaccionó para replicar:

- De lo que no hay duda, ermitaño, es de que yo, al menos, puedo lograr que la gente diga la verdad; al menos puedo conseguir que sean veraces.

El eremita sonrió levemente, pero nada dijo. Guardó un noble silencio.

El rey decidió establecer un patíbulo en el puente que servía de acceso a la ciudad. Un escuadrón a las órdenes de un capitán revisaba a todo aquel que entraba a la ciudad. Se hizo público lo siguiente: “Toda persona que quiera entrar en la ciudad será previamente interrogada. Si dice la verdad, podrá entrar. Si miente, será conducida al patíbulo y ahorcada”.

Amanecía. El ermitaño, tras meditar toda la noche, se puso en marcha hacia la ciudad. Su amado bosque quedaba a sus espaldas. Caminaba con lentitud. Avanzó hacia el puente. El capitán se interpuso en su camino y le preguntó:

- ¿Adónde vas?

- Voy camino de la horca para que podáis ahorcarme -repuso sereno el eremita.

El capitán aseveró:

- No lo creo.

- Pues bien, capitán, si he mentido, ahórcame.

- Pero si te ahorcamos por haber mentido -repuso el capitán-, habremos convertido en cierto lo que has dicho y, en ese caso, no te habremos ahorcado por mentir, sino por decir la verdad.

- Así es -afirmó el ermitaño-.

Ahora usted sabe lo que es la verdad… ¡Su verdad!

martes, 19 de enero de 2016

LA MASONERIA ANTE LA SOCIEDAD ACTUAL: CARTA ABIERTA DE UN MASON




En un momento de crisis como el actual, cuando repuntan los fanatismos religiosos y hay quienes pretenden polarizar la sociedad con discursos populistas, la Masonería trabaja, como siempre ha hecho, por reunir y no separar, por sumar voluntades para crear espacios de convivencia y progreso iluminados por los ideales de Libertad, Igualdad y Fraternidad, por la Justicia y la Verdad, enfrentando cualquier forma de tiranía. Muchos masones han muerto o sufrido torturas y cárceles bajo las dictaduras.
Muchos masones aún sufren persecución, en diferentes partes del mundo, por defender la Libertad del individuo y la Fraternidad entre los hombres. Y es que los totalitarismos siempre han visto en la Masonería a un gran enemigo. No porque la Masonería tenga poder o influencia, que créanme que no lo tiene; sólo porque defienden aquello que nadie puede robarnos: los valores universales que hacen progresar las sociedades.
Pero este esfuerzo constante y diario puede que le haya pasado desapercibido. Que nunca haya leído o escuchado: “la Masonería ha hecho esto o aquello”. Es normal, el trabajo de la Masonería es discreto. No puede ser de otra forma. Si no existiese la discreción, engordaríamos los egos, y los valores y tradiciones ancestrales de las que somos custodios se desvirtuarían. Además, la Masonería, y en esto se diferencia de cualquier otra organización, no se ocupa de ninguno de los fines concretos de los que pueden ocuparse otras instituciones políticas, económicas o sociales; se dedica, en exclusiva, al perfeccionamiento moral de sus miembros.
La Masonería, consciente que cualquier cambio real en la sociedad, comienza cambiando uno mismo, trabaja por desarrollar una masa crítica que recupere los valores e ideales que jamás se debieron perder. Por eso, la aportación masónica a la sociedad está donde siempre ha estado: en el compromiso de cada buen masón por construir una sociedad más justa y fraterna, donde sólo se premie la virtud y el mérito. Quizás, por esta peculiar forma de hacer las cosas que tiene la Masonería, haya llegado el momento en el que los masones debamos dar un paso al frente y reconocer nuestra condición masónica desde la normalidad de un país plural y libre. Pero, sobre todo, más allá de las etiquetas, esforzándonos en ser ejemplos de honestidad, trabajo y compromiso, implacables contra la injusticia y un constante apoyo de los débiles y quienes sufren. No siempre lo conseguimos, porque somos humanos y nos equivocamos constantemente, pero créanme, todos y cada uno de los masones que conozco (y conozco a unos cuantos) nos esforzamos cada día en ser “la mejor versión de nosotros mismos”. No podemos aspirar a más. Pero tampoco debemos aspirar a menos.

Gustavo José Pérez Rosas
Venerable Maestro de la R. L. Ágora 121

Fuente:http://www.almeria24h.com/noticia.php?noticia=30951

viernes, 1 de enero de 2016

¿Por qué empieza el año el 1 de enero?



El año nuevo chino se celebra en una fecha variable entre los meses de febrero y marzo de nuestro calendario gregoriano. El año nuevo en los países regidos por el calendario musulmán empieza con el mes de Muharram, también en una fecha variable que en 2015 coincidió con el 14 de Octubre, cuando se inauguró el año 1437 de la era de la Hégira. En la India, el año nuevo también se celebró el pasado noviembre, en la primera luna nueva del mes de Kartika, aunque, como en el caso judío y otros, el mes en que se celebra el año nuevo no es necesariamente el mismo en el que oficialmente comienza el calendario, lo que muestra que la consideración popular del año nuevo es un fenómeno cultural relativamente independiente de las homologaciones oficiales o de los ajustes astronómicos que pueda haber detrás. A pesar de la extensión mundial del calendario gregoriano, que se aplica incluso en China desde 1912, siguen siendo muy diversas las fechas y los modos en que diferentes sociedades consideran que su ciclo anual recomienza una y otra vez. Y el 1 de Enero es solo una de esas posibilidades.

Para que hoy haya sido posible celebrar el año nuevo el día 1 de Enero primero hubo de nacer el propio mes de enero que, según Plutarco, fue añadido al calendario de Rómulo por su sucesor, Numa Pompilio en el siglo VIII antes de Cristo. El calendario que se usaba anteriormente en Roma tenía 10 meses lunares y comenzaba en primavera, en la luna llena más próxima al equinoccio de marzo (los idus de marzo). Estos diez meses marcaban un compás difícilmente ajustable al de las estaciones y el ciclo solar, que tenían una importancia obvia en la actividad del campo y había sido adoptado antes por los egipcios. Para un mejor ajuste Numa añadió el undécimo mes, Ianarius, y el duodécimo, februarius. El mes de febrero recibió su nombre de las fiestas de preparación de la primavera, llamadas Februa (limpieza, purificación) que con el tiempo se hicieron parte de las celebraciones de las Lupercales. El mes de enero, sin embargo, a falta de una referencia práctica, fue dedicado al dios Jano, cuyo culto promovió Numa activamente. No obstante, a pesar de ya tener doce meses, el año romano siguió comenzando en primavera hasta 153 a.C., un siglo antes de la reforma del Calendario Juliano.

Hasta el 153 a.C., los cónsules romanos eran nombrados anualmente por el Senado en los idus de marzo, el comienzo del año. Sin embargo, en pleno estallido de la segunda guerra celtíbera y declarada la guerra a la ciudad de Segeda, el General Quinto Fulvio Nobilior pidió al Senado que adelantara la fecha de los nombramientos a fin de poder adelantar el traslado de las tropas y preparar la campaña militar para la primavera. El pueblo de Roma siguió celebrando los idus de marzo igualmente, entre otras cosas por la abundancia de actividades religiosas concentradas en esas fechas, sin embargo, el Senado atendió la petición de los cónsules y por primera vez se trasladó oficialmente el comienzo del año a las calendas de enero (la primera luna nueva del mes), cuando tomaran posesión de su cargo los cónsules, dando inicio a la cuenta del año desde entonces. De ahí la leyenda que atribuye a los celtíberos (o a los hispanos más en general) el mérito de haber cambiado el calendario más importante de su época, también determinante de los calendarios venideros. Con enero abriendo el año (en vez de ser el undécimo mes), se reformó el calendario de Roma dando lugar en el 46 a.C. al calendario Juliano, organizado por el sabio Sosígenes de Alejandría y llamado así en honor de Julio Cesar. Este calendario sería usado en algunos países de Europa hasta principios del siglo XX, especialmente entre los de mayoría religiosa Ortodoxa. En Rusia, por ejemplo, solo se sustituyó después de la Revolución de 1917 y en Grecia, el último país en abandonarlo y adoptar el calendario civil actual (el Gregoriano), se usó hasta 1923.

No obstante, a pesar de la importancia de Roma y su cultura en toda Europa, en una buena parte del continente la preferencia a la hora de celebrar el comienzo de año caía en otras fechas. Si en Roma y en el Mediterráneo el Año Nuevo se celebraba con la primavera, los pueblos del norte preferían el invierno. Al comparar entre ambas latitudes conviene recordar que la diferencia estacional entre el templado sur de Europa y el frio norte marcaba una diferencia grande en la forma de vivir, empezando por el ritmo de trabajo del campo y siguiendo por la caza y el pastoreo. De estas diferencias se desprende una experiencia del ciclo anual muy diferente. Sirva como ejemplo el hecho de que en el norte, incluso después de la adopción general del calendario juliano impuesta por Carlomagno en el siglo VIII, el año siguió dividiéndose principalmente en dos estaciones, la de Skammdegi (los días cortos) y la de Náttleysi (los días sin noche), como se referían a ellas los islandeses. En este contexto, lo común era que el inicio del año coincidiera con las celebraciones de invierno y en particular el Samaín (1 de Noviembre), el inicio de la estación oscura, porque bajo la nieve la tierra se regeneraba y los ancestros volvían a ella en la oscuridad. Y ello debía ser propiciado con las celebraciones y ritos oportunos.

A pesar del cambio formal del año 153 a.C., consolidado después por la reforma juliana, no solo los romanos continuaron con sus celebraciones de primavera sino que en la Roma ya cristiana y, posteriormente, en la Europa medieval (y progresivamente más y más cristiana también), aún hubo reticencias a celebrar el comienzo de año el día primero de un mes dedicado a un dios pagano. Algunos, intentaron sin éxito cambiar los nombres de los meses, como fue el caso de Carlomagno, que propuso una versión juliana con los nombres germánicos, basados principalmente en fenómenos climáticos o en labores del campo. No obstante, los hijos cristianos de los antiguos paganos europeos, en el norte y en el sur, continuaron dando una relevancia fundamental a las cuestiones religiosas a la hora de saludar el comienzo del año y, así, la preferencia general para el año nuevo rara vez era el 1 de Enero. La cristiandad estableció varios criterios que fueron usados por distintos reinos y poblaciones a discreción.

En la era cristiana, establecida el año 532 por Dionisio el Exiguo, el año nuevo podía empezar el 25 de Diciembre, el 25 de Marzo o el Domingo de Resurrección, cuando quiera que coincida en cada año, pues es una fecha variable que depende de la determinación de la Pascua, conforme al calendario lunar judío. En Venecia también podía empezar el 1 de Marzo, siguiendo la tradición romana más antigua, y en las regiones del Imperio Bizantino el comienzo de año se celebraba el 1 de Septiembre. Y por si este desbarajuste fuera poco, también hubo quien lo quiso celebrar el 1 de Enero, como preferían hacer los francos hasta el siglo VIII, bajo los reyes merovingios. Esta fecha, heredera del calendario romano, fue cristianizada como día de la Circuncisión y santificada como comienzo del año cristiano también por los reinos cristianos del norte de la Península Ibérica. En el siglo XIII, sin embargo, en el reino de Navarra se usaba la fecha del Domingo de Resurrección. Con el tiempo, parece que tanto Aragón como Castilla empezaron a usar el día de la Anunciación como el comienzo de año, el 25 de Marzo, fecha anteriormente más conocida como la Encarnación. Sin embargo, sabemos que en 1350, Pedro IV de Aragón prohibió este uso y estableció la fecha de Navidad, el 25 de Diciembre, como año nuevo oficial. Y lo mismo se adoptó en Castilla entre los siglos XIV al XV. Finalmente, y en parte por el éxito de su expansión desde el siglo XIII por Europa, en el siglo XVI el reino de España adoptó el día de la Circuncisión como fecha del inicio del año. Desde entonces, celebramos el año nuevo el día 1 de Enero.

Todas las culturas reconocen unos ciclos u otros. En diferentes lugares del planeta la naturaleza tiene unos ciclos. Los seres humanos tenemos los nuestros y, desde luego el sistema solar tiene los suyos. Quizá la perspectiva de los astrónomos, desde los más antiguos a los más modernos, ha tendido a valorar especialmente los ajustes calendáricos relacionados con la luna, el sol, el zodiaco y efemérides como los eclipses, sin embargo, las celebraciones populares han ido variando con una cierta autonomía respecto a las consideraciones más formales y expertas de astrónomos y sabios. Desde este punto de vista de la cultura popular, la propia actividad de festejar así como la conducta ritual, los mitos y los símbolos que la acompañan presentan también su propio carácter cíclico y una explicación propia sobre el principio y el final de las cosas. La historia de cada pueblo, las creencias religiosas, los eventos políticos y la memoria colectiva proporcionan la textura característica que enriquece la uniformidad astronómica con el creativo repertorio de la diversidad humana.



Fuente: Mónica Cornejo Valle.Profesora de Antropología de las Religiones. Universidad Complutense de Madrid.  El País (1-1-16).




jueves, 17 de diciembre de 2015

CUENTO ANTIBELICISTA



“— Papá, ¿sabes lo que me vas a comprar para mi cumpleaños? Pues… una caja de soldados.
 
— Bueno, hijo mío. Ya que te gusta esa clase de juguetes te compraré una caja… pero no de soldados, sino de exploradores.
 
—   ¿Y por qué no quieres que sea de soldados?
 
— Porque con la caja de soldados tendrías que jugar a hacer batallas, mientras que con la de exploradores puedes jugar a campamentos, a marchas, a muchas cosas, pero siempre en plan de paz.
 
—   ¿Y tú no quieres que yo juegue a guerras?
 
— No, hijo mío. No quiero que te familiarices con la idea de formar combates. Demasiado metida está en el ánimo de los hombres la idea de la guerra y la matanza, sin necesidad de imbuirla también en los niños por el método de Montesorí.
 
— Sin embargo, hay muchos niños que juegan con soldados de plomo, y con sables y escopetas.
 
— Es verdad, hay demasiados. Pero yo quiero para ti una educación esmerada; quiero que aprendas a respetar la vida de los hombres y de los animales; por eso nunca te compraré cajas de soldados, ni de toreros, ni escopetas, ni sables. Te compraré rompecabezas que te enseñen a construir, y no a destruir, juguetes mecánicos que exciten tu curiosidad por saber cómo funcionan, aunque los rompas para ver lo que tienen dentro; aros, pelotas, balones, etc., que te obliguen a correr y a hacer ejercicio, pero nunca juguetes que al jugar con ellos tengas que pensar en matar a alguien.
 
—   ¿Y qué importa que lo piense, mientras no lo haga?
 
— Es que el pensamiento es una fuerza muy poderosa. En lo que piensa un niño, en aquello se convierte cuando llega a hombre. Si de niño piensas en matanzas, de hombre llegarás a matar”.

Fuente: Diario Masónico  (“La caja de exploradores”, en Vida Masónica, revista mensual, año VI, sept. y octubre, 1931, núms. 7 y 8, pp. 95-96).

martes, 8 de diciembre de 2015

LA VIRGINIDAD DEL ALMA. Maestro Eckhart


«Nuestro Señor Jesucristo subió a una ciudadela y fue recibido por una virgen, que era mujer» (Lc 10, 38)

Ahora prestad atención a esta palabra: quien recibió a Jesús tenía que ser necesariamente virgen. Virgen indica alguien que está vacío de toda imagen extraña, tan vacío como cuando todavía no era. Mirad, ahora podríamos preguntar: ¿cómo puede, el hombre que ha nacido y alcanzado una vida intelectual, quedar vacío de toda imagen como cuando todavía no era? ¿No es cierto que sabe mucho de cuanto son las imágenes? ¿Cómo puede, sin embargo, estar vacío? Ahora atended a la distinción que os quiero comunicar.

Si yo fuera en tal forma intelectual que todas las imágenes comprendidas desde siempre por todos, además de las que están en Dios mismo, estuvieran en mí, intelectualmente, y si a pesar de ello yo no sintiera apego por ninguna de ellas, ni hubiera tomado en propiedad nada de ellas, ni en el hacer, ni en el dejar de hacer, ni en el antes ni en el después; si, antes bien, estuviera en el ahora presente, libre y vacío, por amor de la voluntad divina, para cumplirla sin interrupción, entonces, verdaderamente ninguna imagen se me interpondría y yo sería, verdaderamente, virgen como lo era cuando todavía no era.

 Que el hombre sea virgen, sin embargo, no le priva en absoluto de las obras que ha realizado; nada le impide ser virginal y libre, sin impedimento alguno frente a la verdad suprema, de la misma manera que Jesús está vacío y es libre y virginal en sí mismo. Como dicen los maestros, sólo lo semejante tiene motivo para la unión con lo semejante; por eso el hombre debe ser virgen y sin mancha, si quiere concebir al Jesús virginal.

Ahora ¡atended y observad con aplicación! Si el hombre fuera siempre virgen, no daría ningún fruto. Para hacerse fecundo, es necesario que sea mujer. «Mujer» es la palabra más noble que puede atribuirse al alma y es mucho más noble que «virgen». Es bueno que el hombre conciba a Dios en sí mismo, y en esa concepción él es puro y sin mancha. Es mejor, sin embargo, que Dios fructifique en él, pues la fecundidad del don no es más que la gratitud del don, y así el espíritu se hace mujer en la gratitud que renace y en la cual el hombre engendra, de nuevo, a Jesús en el corazón paterno de Dios. Muchos dones buenos son concebidos en la virginidad; pero no son engendrados, de nuevo, en Dios por la fecundidad femenina en una alabanza de gratitud.

Los dones perecen y se anonadan, de suerte que, por su causa, el hombre no llega a ser nunca más bienaventurado ni mejor. Entonces su virginidad de nada le sirve, porque más allá de su virginidad no llega a ser una mujer plenamente fecunda. Ahí está lo malo; y por eso he dicho: «Jesús subió a una ciudadela y fue recibido por una virgen, que era mujer». Y esto debe ser así, tal como os acabo de mostrar.

Los esposos raramente dan más de un fruto al año. Pero ahora estoy pensando en otra clase de esposos: todos los que se hallan apegados a las oraciones, los ayunos, las vigilias y los diversos ejercicios y penitencias exteriores. Todo apego en la acción que te prive de la libertad de estar en ese ahora presente al servicio de Dios y de seguirlo sólo a él en la luz por la cual te guiaría en el hacer y en el dejar de hacer, libre y nuevo en cada instante, como si no tuvieras otra cosa, ni la quisieras o pudieras hacer; todo apego y toda intención en la acción, siempre que te prive de la nueva libertad, a eso llamo ahora «un año», pues por su causa tu alma no da ningún tipo de fruto, mientras no ha realizado la acción que has emprendido como algo propio; y no confías en Dios ni en ti mismo antes de haber realizado la acción que has concebido como tuya; de otra manera no hallas paz. Por eso no das fruto si no has realizado tu obra. A esto considero «un año», y, con todo, el fruto es pequeño pues no procede de la libertad, sino del apego en la acción. A esa gente es a quien llamo «esposos», porque están apegados a lo propio y dan poco fruto que, además, es pequeño, como ya he dicho.

Una virgen que es mujer es libre y está desapegada de lo propio y siempre se halla tan cerca de Dios como de sí misma. Da muchos frutos, y son grandes, ni más ni menos que Dios mismo. Ese fruto y ese nacimiento proceden de una virgen que es mujer y da frutos todos los días, cien o mil veces, incontables veces, dando a luz y siendo fecunda desde el fondo más noble; mejor dicho: llega a ser fecunda coengendrando a partir del mismo fondo del que el Padre da nacimiento a su Verbo eterno. Jesús, luz y reflejo del corazón paterno —san Pablo dice que es una gloria y un reflejo del corazón paterno que lo atraviesa violentamente con sus rayos [Heb 1, 3]—, este Jesús está unido a ella y ella a él, y ella brilla y resplandece con él como un único uno y como una luz pura y clara en el corazón paterno.

Más de una vez he dicho que en el alma hay una potencia a la que no afectan ni el tiempo ni la carne; fluye del espíritu y permanece en el espíritu y es completamente espiritual. Dios se halla en esa potencia tan reverdecido y floreciente, con toda la alegría y gloria, como es en sí mismo. Allí hay una alegría tan cordial e indescriptible que nadie sabe hablar de ella con propiedad. En esa potencia el Padre eterno engendra a su Hijo eterno, sin cesar, de manera que esta potencia coengendra al Hijo y a sí misma, como el mismo Hijo en la potencia única del Padre. Si un hombre tuviera todo un reino o todos los bienes de la tierra y renunciara a ellos con pureza, por el amor de Dios, y se convirtiera en uno de los hombres más pobres de la tierra y Dios le diera entonces todo el sufrimiento, como nunca lo ha dado a nadie, y él lo sufriera completamente hasta su muerte, entonces, si Dios le permitiera por una sola vez contemplar cómo él [Dios] está en esa potencia, sería tan grande su alegría que todo su sufrimiento y su pobreza habrían sido todavía demasiado poco. Ah, incluso si después de todo Dios jamás le concediera el reino de los cielos, la recompensa por todo el sufrimiento habría sido muy grande; pues Dios se halla en esa potencia como en el ahora eterno. Si el espíritu estuviera siempre unido a Dios en esa potencia el hombre no podría envejecer; pues el instante en el que Dios creó al primer hombre y el ahora en el que el último hombre desaparecerá y el ahora en el que yo hablo son iguales en Dios y no son más que un solo y mismo ahora. Ahora mirad, ese hombre habita en una sola y misma luz con Dios; por eso en él no hay ni sufrimiento ni paso del tiempo, sino una eternidad siempre igual. A ese hombre, verdaderamente, se le ha privado de todo asombro y todas las cosas están en él de forma esencial. Por ello no recibe nada nuevo de las cosas futuras ni de ninguna casualidad, pues habita en un presente siempre nuevo sin interrupción. Tal es la majestad divina que se halla en esa potencia.

Hay, todavía, otra potencia, igualmente incorpórea que fluye del espíritu y permanece en él y es siempre espiritual. En esa potencia Dios luce y arde con todo su reino, con toda su dulzura y con toda su delicia.

Verdaderamente en esa potencia hay una alegría y una delicia tan grandes y sin medida que nadie es capaz de explicar ni revelar. Por otro lado digo: si hubiera un hombre que con el intelecto y según la verdad mirara por un instante la delicia y alegría que hay en su interior, todo el sufrimiento que pudiera padecer y que Dios permitiera le sería bien poca cosa y una nonada; digo más: incluso le sería una alegría y un descanso.

Si quieres saber bien si tu sufrimiento es tuyo o de Dios, debes reconocer lo siguiente: si sufres por ti mismo, sea en la forma que sea este sufrimiento, te causa dolor y te cuesta soportarlo. Si, por el contrario, sufres por Dios y sólo por él entonces no te causa dolor y no te resulta pesado, pues Dios lleva la carga. En verdad, si hubiera un hombre que quisiera sufrir por Dios y sólo por el amor de Dios y sobre él cayera todo el sufrimiento padecido por los hombres y con el que carga el mundo entero, no le causaría dolor y tampoco le resultaría una carga, porque Dios llevaría el peso. Si alguien cargara sobre mis espaldas un quintal y otro sostuviera el peso, me daría igual cargar con cien que con uno, pues no me resultaría pesado y tampoco me causaría dolor. Dicho brevemente: lo que el hombre sufre por Dios y sólo por él, Dios se lo hace liviano y dulce. Por eso he dicho al comienzo, cuando empezamos nuestro sermón: «Jesús subió a una ciudadela y fue recibido por una virgen, que era mujer». ¿Por qué? Necesariamente tenía que ser una virgen y además mujer. Ahora bien, os he dicho que Jesús fue recibido, pero no os he dicho qué es la ciudadela y esto lo quiero hacer ahora.

Algunas veces he dicho que en el espíritu hay una potencia y sólo ella es libre. A veces he dicho que es una custodia del espíritu; otras he dicho que es una luz del espíritu y otras veces que es una centella. Pero ahora digo que no es ni esto ni lo otro, y sin embargo es algo que está por encima de esto y lo otro y por encima de lo que el cielo lo está sobre la tierra. Por eso la llamo, ahora, de la manera más noble que nunca he hecho y, con todo, se burla tanto de la nobleza como del modo y queda por encima de ellos.

Está libre de todo nombre y desnuda de toda forma, totalmente vacía y libre, como vacío y libre es Dios en sí mismo. Es tan completamente una y simple como uno y simple es Dios, de manera que no se puede mirar en su interior. Esa misma potencia de la que estoy hablando, en la que Dios se halla dentro, floreciendo y reverdeciendo con toda su deidad, y el espíritu [floreciendo] en Dios, en esa misma potencia el Padre engendra a su Hijo unigénito, de forma tan verdadera como en sí mismo, pues verdaderamente él vive en esa potencia; y el espíritu engendra con el Padre al mismo Hijo unigénito y a sí mismo como el mismo Hijo y es el mismo Hijo en esa luz y es la verdad. Si pudierais captar esto con mi corazón, entenderíais bien lo que digo, pues es verdad y la verdad misma lo dice.

Mirad, ¡atended ahora! La ciudadela en el alma de la que hablo y en la que pienso es en tal forma una y simple, y está por encima de todo modo, que la noble potencia de que os acabo de hablar no es digna de echar jamás una mirada en su interior, aunque sea una sola vez, y tampoco la otra potencia, de la que he hablado y en la que Dios brilla y arde con todo su reino y su delicia, tampoco se atreve a mirar nunca en el interior; tan completamente una y simple es esa ciudadela y tan por encima de todo modo y toda potencia se halla ese único uno que nunca potencia alguna ni modo, ni siquiera el mismo Dios, pueden mirar en su interior. ¡Totalmente cierto y tan verdad como que Dios vive! Dios mismo, en tanto que es según el modo y la propiedad de sus personas, no se asoma allí ni por un solo instante, ni jamás ha mirado en su interior. Esto es fácil de observar, pues ese único uno es sin modo y sin propiedades. Por eso, si Dios quiere alguna vez asomarse en su interior, le costará necesariamente todos sus nombres divinos y sus atributos personales; si quiere echar una mirada en su interior, es necesario que lo deje absolutamente todo fuera. En la medida en que es un uno simple, sin modo ni propiedad, allí no es ni Padre, ni Hijo, ni Espíritu Santo; y, sin embargo, es un algo, que no es ni esto ni lo otro.

Mirad, en la medida en que él es uno y simple se aloja en ese uno, que llamo una ciudadela en el alma, y si no es así no puede entrar allí de ninguna manera; sólo así penetra y se halla en su interior.
Ésa es la parte por la que el alma es igual a Dios y ninguna otra.

Lo que os he dicho es verdad; pongo a la verdad por testigo ante vosotros y a mi alma como prenda.
Que Dios nos ayude a ser una ciudadela, a la que Jesús suba y sea recibido y permanezca eternamente en nosotros en la manera que os acabo de decir. Amén.

Eckhart, Maestro., El fruto de la nada y otros escritos, [Edición y traducción de Amador Vega Esquerra] Madrid, Ediciones Siruela, 1998.

Eckhart de Hochheim (Turingia 1260- 1328). Dominico alemán, teólogo y filósofo.
 

viernes, 20 de noviembre de 2015

ORACION ESENIA

 
 
Padre-Madre, aliento de Vida.
Fuente del sonido,
Acción sin palabras,
Creador del Cosmos.

Haz brillar tu Luz dentro de nosotros,
entre nosotros y fuera de nosotros,
para que podamos hacerla útil.

Ayúdanos a seguir nuestro camino,
inspirando el sentimiento que emana de Ti.

Que nuestro Yo, siguiendo Tu mismo paso,
pueda estar Contigo, a fin de que caminemos como Reyes y Reinas
con todas las demás criaturas.

Haznos sentir el alma de la Tierra dentro de nosotros,
pues de ese modo, sentiremos la Sabiduría que existe en todo.

No permitas que nos engañe la superficialidad y
la apariencia de las cosas del mundo,
y libéranos de todo lo que impida nuestro crecimiento.

No dejes que nos olvidemos de que Tú eres el Poder y
la Gloria del mundo, la canción que se renueva a
través de los tiempos y que todo lo embellece.

Que solo en Tu amor puedan crecer nuestros actos.

¡Así sea!

miércoles, 18 de noviembre de 2015

¿DE QUÉ VAMOS?


 
Toda búsqueda espiritual, empieza con el planteamiento de estas tres preguntas ¿Quién soy?, ¿de dónde vengo? ¿Hacia dónde voy?. Estas tres preguntas se convierten así en el motor del despertar y compañeras de viaje hacia esa búsqueda de la Verdad.

 Cuando llamamos a la puerta del Templo de una orden iniciática, no sabemos lo que nos vamos a encontrar, entramos (o deberíamos entrar) por la puerta pequeña, ni desnudos ni vestidos,  con los ojos vendados, y nuestras mochilas vacías, y con  pasos tambaleantes iniciaremos nuestro recorrido,  con  nuestra confianza depositada en unos hermanos que no conocemos, que no sabemos quienes son, pero se nos presentan como hermanos.

 Antes de poder entrar en el Templo, se nos exige estar en recogimiento con nosotros mismos, de regreso  al útero,  a la cueva, a la madre, en un proceso de introspección, de vuelta a los inicios… Y así, con un nuevo nacimiento, estamos preparados para empezar a caminar… Se nos ha abierto la puerta,  pero solo nosotros, seremos los responsables y los protagonistas de este verdadero recorrido hacia la Vida.

 No se puede denominar iniciado a todo aquel que haya sido sometido a un proceso iniciático,  pues una persona no se convierte en iniciada por hecho de haber sido sometido a un ritual, este ritual es la llave que va a permitir a todo aquel que osé,  abrir la puerta de la conciencia.

Cuando decides ingresar en una orden iniciática, y escribo desde mi propia experiencia, se da por supuesto que todos los miembros que la integran tienen unas inquietudes, pensamientos, creencias…, no idénticas, pero si de acuerdo a unos criterios  espirituales  y materiales conformes a un ideal, a un objetivo, sea el que sea…, y que por supuesto, no  contraria  por lo menos a los principios que promulga.

 Quizás el verdadero problema está en cada uno de nosotros, en no tener claro, desde la honestidad y la humildad, qué es lo qué verdaderamente buscamos cuando nos convertimos en miembro de una organización de este tipo, todo es lícito, todo es respetable, sino es contrario a Derecho, pero debemos de conocer cuales son las consecuencias de nuestras acciones y de nuestros actos y recordad sin olvidar, el verdadero significado de las palabras e ir más allá de la apariencia.

Debemos preguntarnos una y otra vez, ¿quién soy?, ¿de dónde vengo? ¿Hacia dónde voy?, pues puede ser muy peligroso para nuestro peregrinaje, olvidarnos quien somos, creernos que somos quienes no somos, creer que hemos aprendido todo en nuestro camino de venida, del que venimos "cargaditos de todo" y parece que con ansias de más, y lo peor, lo peor de todo,  no saber hacia donde vamos o dejarnos guiar por ciegos que creen haber visto la luz.

Me duele  y me duele mucho ver como las escenas se repiten, representando la misma obra teatral, son los mismos personajes pero diferentes son los actores; Las máscaras de la tragicomedia son adornadas cada vez con más florituras, cada vez son más los títulos, los nombres y renombres; cada vez con más riqueza en los adornos de las vestiduras, alejándonos más de la túnica sin costuras del iniciado. Cada vez más lejos del verdadero Mensaje Crístico.

Y en definitiva, la sensación de lejanía de nuestra esencia, de las Enseñanzas de aquellos que dieron su vida por el Credo del verdadero Conocimiento, aquel que no entiende de diferencias, ni de razas, ni de estamentos sociales, ni de sexo, ni de religión; Aquel que nos une y que no nos separa, porque todos tenemos la misma esencia, la esencia de la chispa divina, que es la que nos hace  reconocernos como hermanos en la iguadad y  un Todo en la Unidad.

Por todo ello... ¿De qué vamos?

NND

domingo, 16 de agosto de 2015

SOBRE LOS RITUALES

"Los conflictos de Jesús se produjeron con los más fieles cumplidores de la religión"
 



Lo primero, lo más elemental, en el problema planteado a propósito de los rituales religiosos, es tener muy claro que no es lo mismo hablar de Dios que hablar de la religión. Dios es el fin último que podemos buscar o anhelar los mortales. La religión es el medio por el que (y con el que) intentamos acercarnos a Dios o relacionarnos con él. Por tanto, Dios no es un elemento más, un componente más (entre otros) de la religión.

Por otra parte - si intentamos llegar al fondo del problema -, Dios y la religión no se pueden situar en el mismo plano. Ni pertenecen al mismo orden o ámbito de la realidad. Porque Dios es el Absoluto. Y el Absoluto es el Trascendente. Es decir, Dios se sitúa en el orden o ámbito de la "trascendencia". Mientras que todo lo que no es Dios (incluida la religión) es siempre una realidad que se queda "aquí abajo", o sea en el ámbito de la "inmanencia".

Todo esto quiere decir que "ser trascendente" significa "ser inabarcable" o "ser inconmensurable". Es decir, Dios no está a nuestro alcance. Por tanto, Dios no es una realidad "cultural". En tanto que la religión es siempre un producto de la cultura. Otra cosa es las "representaciones" que los humanos nos hacemos de Dios. Pero eso ya no es "Dios en Sí", sino nuestra manera (culturalmente condicionada) de representarnos al Trascendente.

Hecha esta disquisición, que me parece indispensable, tocamos ya las cuestiones que nos interesan más directamente en esta reflexión. Ante todo, es importante saber que, en la larga historia y prehistoria de la religión, lo primero no fue el conocimiento y la experiencia de Dios, sino la práctica de rituales de sacrificio (así, por lo menos, desde E. O. Wilson, incluso ya antes Karl Meuli). De forma que abundan los paleontólogos que defienden que, desde el paleolítico superior, hay huellas claras de este tipo de prácticas rituales (W. Burkert, H. Kühn, P. W. Scmidt, A. Vorbichler).

Si bien hay quienes piensan que los rituales religiosos relacionados con la muerte se inician a partir del mesolítico (Ina Wunn). En todo caso, se acepta la convicción que ya propuso G. Van der Leeuw: "Dios es un producto tardío en la historia de la religión" (K. Lorenz, W. Burkert). Lo que es comprensible, si tenemos en cuenta que Dios nos trasciende y no está a nuestro alcance, como lo están los rituales religiosos.

Así las cosas, es un hecho que los rituales religiosos, en sus más variadas formas, están más presentes en cada ser humano, ya desde la infancia, que la claridad y la profundidad en la relación con Dios. Dicho más claramente, creo que no es ninguna exageración afirmar que, tanto en los individuos como en la sociedad, están más presentes los rituales y sus observancias que Dios y sus exigencias.

O sea, en la vida de muchos (muchísimos) creyentes, están muy presentes los rituales religiosos y la observancia de los mismos. Mientras que la firmeza, la cercanía y la fiel escucha de Dios es un asunto que son también muchos (muchísimos) los creyentes que no tienen eso resuelto debidamente. Lo que lleva consigo, entre otras cosas, una consecuencia de enorme importancia. Una consecuencia que consiste en que, con demasiada frecuencia, en la conducta de muchas personas se divorcian la observancia de los ritos sagrados, por una parte, y la fidelidad a la honestidad, la honradez y la bondad ética, por otra parte.

Y entonces, nos encontramos con un hecho que lamentamos muchas veces. Me refiero al hecho de tantas personas que son fielmente observantes y religiosas, pero al mismo tiempo son personas que dejan mucho que desear en su conducta ética. ¿Cómo se explica esto? El comportamiento religioso consiste en la fidelidad a la observancia de los rituales sagrados. Pero ocurre que los ritos son acciones que, debido al rigor de la observancia de las normas, se constituyen en un fin en sí (G. Theissen, B. Lang, W. Turner). Y, entonces, lo que ocurre es que el fiel observante del ritual se tranquiliza en su conciencia, se siente en paz consigo mismo, se libera de posibles sentimientos de culpa o de miedos que adentran sus raíces en el inconsciente, al tiempo que la conducta ética, con sus incómodas exigencias queda desplazada.

Y el sujeto se siente en paz con su conciencia, con sus semejantes y con Dios. En lo que he intentado explicar aquí, radica (según creo) la clave para comprender el conflicto de Jesús con los hombres más religiosos y observantes de su tiempo. Es notable que, por lo que narran los relatos evangélicos, Jesús no tuvo enfrentamientos ni con los romanos, ni con los pecadores, los samaritanos, los extranjeros, etc. Los conflictos de Jesús se produjeron precisamente con los más fieles cumplidores de la religión: sumos sacerdotes, maestros de la Ley y fariseos.

¿Por qué precisamente con estas personas y no con los alejados de la religión y sus rituales? Jesús fue un hombre profundamente religioso. Pero Jesús vio el peligro que entraña la fiel observancia de los ritos de la religión. ¿Qué quiere decir esto? Jesús no rechazó el culto religioso. Lo que Jesús hizo fue desplazar el centro de la religión. Ese centro no está ni en el templo y sus ceremonias, ni en lo sagrado y sus rituales.

El centro de la experiencia religiosa, para Jesús, está en hacer lo que hizo el mismo Dios, que se "encarnó" en Jesús. Es decir, Dios se humanizó en Jesús. Dios está presente en cada ser humano, sea quien sea, piense como piense, viva como viva. Sólo reconociendo esta realidad sorprendente y viviéndola, como la vivió el propio Jesús, sólo así estaremos en el camino que nos lleva al centro mismo de la religiosidad que vivió y enseñó Jesús.

¿En qué consiste, entonces, el culto a Dios? La carta a los hebreos lo dice con tanta claridad como firmeza: "No os olvidéis de la solidaridad y de hacer el bien, que tales sacrificios son los que agradan a Dios" (Heb 13, 16). Que no es sino la fórmula tajante que plantea el autor de la carta de Santiago: "Religión pura y sin tacha a los ojos de Dios Padre, es ésta: mirar por los huérfanos y las viudas en sus apuros y no dejarse contaminar por el mundo" (Heb 1, 27).

 

Fuente: José Mª Castillo. Periodista Digital. 15 de agosto de 2015.